Relatos libres, xenaga

Justicia

-No estoy de acuerdo ni en desacuerdo -respondió el fiscal.

-La afirmación es contundente -protestó uno de los abogados.

El acusado mientras tanto se revolvía en su propia culpa, en su lecho de muerte, en el designio del destino que los dioses le había encargado haciendo que en su mente se retorcieran todas esas palabras que una vez había dicho.

-Está bien, lo confieso, yo amaba a esa mujer.

Y concluyó el veredicto en boda y flores de colores rojizos.

La esposa besó al novio mientras bajo la cama guardaba el hacha con la que destrozaría al hombre que había violado sus sueños y pensamientos y al que la justicia no había condenado por… ¿amor?

xenaga

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payaso, xenaga

Los payasos no pueden correr

Nuestra relación no es muy profunda, ni yo sé cuando es su cumpleaños ni ella sabe cuando es el mío. No invitaríamos a un payaso en el aniversario en el que nacimos ni nunca nos haríamos una tarta la una a la otra. De vez en cuando nos besamos o vemos pelis en su casa, normalmente de miedo, mientras su madre nos prepara palomitas y aparece por sorpresa cada vez que puede.
A veces creo que nos estalla el corazón, otras que da igual si no nos vemos en lo que queda de nuestras vidas porque no será relevante para ninguna de las dos, seríamos solo recuerdo, lo que llevamos siendo desde que nos conocemos.
No hemos llegado a más, me mira y sin más me da un beso que dice que hemos terminado o que nunca hemos empezado.

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tiempo, xenaga

Tener o no tener

“Me llevo mejor con la locura que con la mayoría de la gente”.

El tiempo es algo que se nos escapa de las manos para que lo valoremos y nuestra manera de hacerlo es desperdiciarlo, necesitamos más tiempo para malgastarlo, para acabar y decir que no tenemos tiempo. Para levantarnos y descubrir que se nos acaba, que tenemos demasiadas cosas que hacer y la palabra tiempo se tranforma en un miedo, en la palabra más sonora del diccionario cuando la pronuncias, provoca ansiedad, mareos e incluso la muerte, casi como un embarazo o tu ex. Y ¿sabéis qué? Yo me he cansado de esperar, me voy a vivir la vida donde el tiempo no exista. Contigo.

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mar, xenaga

La insoportable aleatoriedad de la felicidad

Ser feliz es ir silbando una canción desentonada que a nadie le importa escuchar, encontrar una sonrisa en cualquier lugar, tener un orgasmo a deshora sin darte tiempo a suspirar.
Caminar con destino al mar con los pies descalzos y la arena fresca haciendo cosquillas en las puntas de los dedos, ¿a quién le importa dónde acabará?
Tú solo puedes mirar a esa chica que una vez encontraste y que te hizo reír y olvidar que Virginia Woolf se suicidó como tú caminando decidida por la orilla de una playa.
Un beso, eso también es la felicidad.
Naufragar en algo más que una piel deshecha por desear, llegar al mar de tus instintos y no querer respirar nunca más.

“Mensaje en una botella”.
Algo que jamás leerás.

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monos, xenaga

La etimología de una poesía

Monos.
Dividido en uno.
Y una “s” que no debería estar, no debería tener plural. Mono que etimológicamente significa uno no puede acarrear ya más. Solo uno. Lejos de mi hogar.
Déjame llevar al menos una parte de tu maldad.
No quiero sin ti estar.
Pero si acaso no me ves jamás
suéltame, yo no quiero ser otro eslabón que te ate a mi cama,
Déjame, te he dicho ya, ¿no ves que el viento va a dejar de soplar?
Que nuestras manos por fin se desunirán.
Mírame, sola y abandonada, con una sonrisa en mi cara.
¿Crees que me duele? ¿Que me entristezco por algo?
Es imposible que sienta nada,
ni magos ni hadas.
Ya no existe la pasión que habitaba en mi habitación.
Cómo decir te tropezaría otra vez, sin remedio ni placer,
porque ya no hay manera de querer ni sentir lo que una vez pasé.

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atmósfera, xenaga

No se puede decir que no existiera

Me gustaba que fuera canción para moverme a su ritmo mientras iba desnudándose de notas. Ella, con la cabeza en las estrellas y las caderas tan estrechas que dibujarlas con mis manos era una carrera a contrarreloj de deseos. Ella, que sonreía a un infinito mientras sus ojos se apagaban con mil desafíos y la fuerza yéndosele a ritmo de los meteoritos que solo eran moscas que zumbaban sobre nuestras cabezas. Ella, que creó una atmósfera que solo podía respirar yo y que me envenenaba a cada segundo que pasábamos juntos. Ella, que murió en mis brazos como la niña pequeña que era y que siempre fue para mí soledad porque la enfermedad del desamor no tiene cura.

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abismo, xenaga

La gran ciudad

– Repítelo -dijo en voz baja.
Los puños le temblaban, las lágrimas resbalaban por su piel.
– ¡¡¡Repítelo y me iré!!! -le gritó con rabia. Los ojos cerrados, la fuerza yéndosele por la boca.
– Hubo un tiempo en el que te quería…
Solo el silencio contestaba a sus súplicas… El abismo de no saber.
La habitación a oscuras, el ruido de la gran ciudad que solo era un murmullo de coches y gente medio borracha que estaba y no estaba, como en un flash.
Solo ellos dos y uno ya no estaba en aquella habitación.
Hacía tiempo que estaba muerto y que las botellas de alcohol rodeaban su cuerpo, nadie entendía cómo el olor no había alertado a los vecinos pero quién iba a pensar que aquel otro chico era un asesino.

Xenaga