Relatos libres, xenaga

Justicia

-No estoy de acuerdo ni en desacuerdo -respondió el fiscal.

-La afirmación es contundente -protestó uno de los abogados.

El acusado mientras tanto se revolvía en su propia culpa, en su lecho de muerte, en el designio del destino que los dioses le había encargado haciendo que en su mente se retorcieran todas esas palabras que una vez había dicho.

-Está bien, lo confieso, yo amaba a esa mujer.

Y concluyó el veredicto en boda y flores de colores rojizos.

La esposa besó al novio mientras bajo la cama guardaba el hacha con la que destrozaría al hombre que había violado sus sueños y pensamientos y al que la justicia no había condenado por… ¿amor?

xenaga

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