Favoritos, mar

Vota tu relato favorito de abril

El jurado ya ha deliberado cuáles son los mejores relatos del mes de abril con la palabra #mar. Aquí tenemos a los cuatro:

¡Yo llevo las palas! (Chrystia Van Tassel) << ¡Favorito!
El renacer de Luisa (Aida)
Misterios de las profundidades (ICMarja)
Resaca (Chus Rodríguez)

La encuesta se cerrará el viernes 15 de mayo.
¡Mucha suerte a los finalistas y gracias a los que votáis!

Os recordamos que los autores finalistas no deberán compartir la encuesta o la página en redes sociales ni pedir votos expresamente, por respeto al resto de finalistas.

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Daniel de Castro, mar

La playa

Los niños jugaron en la playa como si no hubieran visto los monstruos metálicos a su alrededor. No sabían por qué estaban ahí, pero no pareció importarles demasiado.
A Julia, sin embargo, no le hacía ninguna gracia. Había veraneado en aquella playa desde que era niña. Allí fue donde conoció a Andrés, un joven estudiante de políticas, al que años más tarde se le ocurrió que sería buena idea mudarse.
— Si consigo entrar en el ayuntamiento, estaremos siempre junto a nuestra playa —dijo.
«El muy cerdo», pensó Julia mientras subía al mercedes nuevo de su futuro exmarido «esto no se lo perdono». Miró por última vez al mar sabiendo que nunca volvería a ser “su playa”.

Daniel de Castro

mar, Murgi

En el mar de sus ojos

Como si de un mar de chocolate se tratara me baño en su mirada, la calidez de unas olas cuyo sonido templa todos mis pesares y, que con sólo tocarme, hace que desaparezcan los problemas de haber elegido una vida al servicio de los demás.
Deja que me bañe en tu dulce y salada marea, que sus aguas cubran todo mi ser, pues no satisfaré mis anhelos mientras no pueda sentarme en tus orillas a contemplar la apacible tempestad de tu mirada y tus aguas cubran todo mi ser una vez más… cien, mil más.
Porque prefiero naufragar mil noches en tus aguas antes que vivir en el desierto de tu ausencia.

Murgi

Kirita, mar

Navegando en su cuerpo

Navegando sin rumbo. Perdida entre su melena, los huesos de sus caderas. La calma de sus suspiros, la jauría de sus besos. La lucha constante entre el quiero y el puedo, entre el tengo y el deseo. En la calma que busco al tumbarme en tu cuerpo. En la magia que busco cuando el tiempo está muerto.

Y podría relatarte una y mil veces que eres mi cielo y mi infierno, mi luna y mi fuego, ardiendo en deseo. Inventando la manera de tenerte siempre a mi lado, de imaginar mi cuento soñado. De echarte de menos hasta doler, de nunca dejarnos vencer.
De pintarte temerosa por calarte lo más hondo, de decirte enamorada que yo no me escondo.

Y es que aún sin saberlo, siempre lo supe. Y es que el mar siempre estuvo en sus ojos.

Kirita

Chus Rodríguez, mar

Resaca

A veces se aleja como enfadado y se oscurece en lo profundo, como un niño caprichoso que vuelve cuando él quiere. Pero, a pesar de todo, desde mi infancia lo añoro y, a escondidas, lo exhumo y lo recupero otra vez. Y mientras el ansia de compartir su mismo aire me asfixia, mi piel recuerda su roce con afanes de intimidad. Resisto su marea encendida para revivir ahogándome de nuevo en él, y codicio su sal que pule mi piel y sana mis heridas. Porque es pasión dormida que se acerca y retrocede, como vacilando en su acometida.
El mar, quemadura tierna, punzada de sal. Salvaje o apacible, siempre solemne. Inapelable.

Chus Rodríguez

Chrystia Van Tassel, mar

¡Yo llevo las palas!

– ¡No permitiremos que contaminen nuestra costa!
– ¡Claro que no!
– ¡Hagamos una protesta! ¡Reunamos todas las existencias de sus productos y tirémoslas al mar!
– ¿Eso no contaminaría más aún?
– …¡Pues tiremos cobayas, como símbolo de los animales que matan sus investigaciones!
– ¿No morirían también las cobayas?
– …¡Tiremos al mar peluches de animales, entonces!
– Los materiales de los peluches serían biodegradables, ¿no?
– …Olvidemos el mar, pues. ¡Reunámonos en la fábrica y tiremos tomates a los trabajadores!
– ¿Mientras hay niños en África muriendo de hambre?
– … ¡Insultemos a los trabajadores!
– Y al día siguiente afónicos, ¿no?
-… ¡Hagamos una sentada silenciosa!
– ¿Con el suelo tan sucio?
-…
– ¿No ha mencionado alguien el mar? ¿Hacemos una barbacoa en la playa?
– Pero…
– ¡Una barbacoa “protesta”!
– ¡Sí! ¡Dejémosles claro que con nosotros no se juega!
– Pero…
– ¡Eso!

Chrystia Van Tassel

Aida, mar

El renacer de Luisa

Bajó la mirada y quedó atónito ante el mar de conocidos que tenía delante. Su desconcierto fue tal, que no pudo articular palabra, solo podía pensar en sus compañeros de trabajo ahí presentes. Nadie conocía su álter ego y su intención siempre fue que así siguiera siendo. Luis era un humilde promotor comercial durante el día y la gente que le conocía lo consideraban una persona sensata, honesta y educada. Pero por las noches, Luisa se ponía sus mejores galas, se soltaba la melena y salía a la calle tapando con un pañuelo sus voluminosos pechos. Le gustaba cantar en bares de alterne y mostrar la preciosa figura que le hubiera gustado tener de nacimiento, sabía canalizar su delicada pero a la vez potente voz consiguiendo, sin excepción, que el público se deshiciera en aplausos. Solía cantar en locales lejanos de su pueblo natal, pero esa noche, ni así pudo conseguir seguir escondiéndose de Luis.

Aida