No se puede decir que no existiera

Me gustaba que fuera canción para moverme a su ritmo mientras iba desnudándose de notas. Ella, con la cabeza en las estrellas y las caderas tan estrechas que dibujarlas con mis manos era una carrera a contrarreloj de deseos. Ella, que sonreía a un infinito mientras sus ojos se apagaban con mil desafíos y la fuerza yéndosele a ritmo de los meteoritos que solo eran moscas que zumbaban sobre nuestras cabezas. Ella, que creó una atmósfera que solo podía respirar yo y que me envenenaba a cada segundo que pasábamos juntos. Ella, que murió en mis brazos como la niña pequeña que era y que siempre fue para mí soledad porque la enfermedad del desamor no tiene cura.

xenaga

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