calabaza, Calcetín Rayado, Microficción

microficción #8: Decisiones

La calabaza se convirtió en un precioso carruaje donde Cenicienta nunca llegó a subir. Y, aún así, fue feliz.

calcetinrayado

Anuncios
calabaza, Núria Lorente Aroca, Relatos libres

Alimentació conscient

Fa uns mesos que la Carla, empesa pel seu amor incondicional pels animals, va optar per canviar la seva alimentació. Va començar eliminant el peix de la seva dieta i va anar reduint el consum de carn fins a deixar de menjar-ne. Per últim, va deixar de consumir productes làctics. Actualment, el món vegà forma part de la seva vida.

Amb el desig d’aprendre com alimentar-se correctament, la Carla ha comprat llibres sobre veganisme, ha buscat informació a la xarxa i ha assistit a alguns tallers, com un d’entrepans vegans o un altre on ensenyaven receptes dolces i on van preparar unes delicioses magdalenes de poma, gengibre i panses.

La recepta que ha escollit per al dia d’avui és senzilla i ràpida. Pela una ceba i dues pastanagues, treu l’arrel i la pell del porro i renta la quinoa. Se’n va al rebost i s’adona que, precisament, li falta l’ingredient principal. És diumenge i el supermercat més proper és tancat. Però els paradistes del mercat de plaça encara no han plegat. S’hi apropa, i a més del que necessita, compra també algunes peces de fruita. En tornar a casa segueix amb la preparació del primer plat del dinar: carbassa guisada amb quinoa.

Núria Lorente Aroca

Versión en castellano: Alimentación consciente

Hace unos meses que Carla, empujada por su amor incondicional hacia los animales, optó por cambiar su alimentación. Empezó eliminando el pescado de su dieta y fue reduciendo el consumo de carne hasta dejar de comer. Por último, dejó de consumir productos lácteos. Actualmente, el mundo vegano forma parte de su vida.

Con el deseo de aprender cómo alimentarse correctamente, Carla ha comprado libros sobre veganismo, ha buscado información en la red y ha asistido a algunos talleres, como uno de bocadillos veganos u otro donde enseñaron recetas dulces y donde prepararon unas deliciosas magdalenas de manzana, jengibre y pasas.

La receta que ha escogido para el día de hoy es sencilla y rápida. Pela una cebolla y dos zanahorias, saca la raíz y la piel del puerro y lava la quinoa. Va a la despensa y se da cuenta de que, precisamente, le falta el ingrediente principal. Es domingo y el supermercado más cercano está cerrado. Pero los paradistas del mercado de la plaza aún no han plegado. Se acerca, y además de lo necesario, compra también algunas piezas de fruta. Al volver a casa sigue con la preparación del primer plato de la comida: calabaza guisada con quinoa.

Núria Lorente Aroca

calabaza, Pablín, Relatos libres

Final feliz

– Rápido doctor; ¡no tiene pulso!
– Joder, a este me lo conozco, acaba de salir de la cárcel. Es uno de esos que les gusta zurrar a su esposa.
– ¡Claro! Ya sabía yo que me sonaba el careto. Yo creo que ya está muerto, no se esfuerce.
– ¿Está seguro comisario? Mire que si alguien nos ve nos la cargamos…
– Seguro, seguro. Esta escoria no merece que nadie le ayude. Venga, le invito a una copa.

Desde el callejón los vio salir. Con media sonrisa se acaricia sus amoratados brazos. El hijo de puta no la golpearía más gracias a que pudo coger a tiempo la calabaza para reventársela en la cabeza.

Pablín

Aida, calabaza, Relatos libres

El día más feliz

Para mi cumpleaños recibí el regalo más inútil y extraño que nunca antes había recibido.

En cuanto lo vi intenté no mostrar la extraña mueca que mi cara quería exhibir, aunque mi amigo lo percibió como una espléndida cara de emoción; nada más lejos de la realidad, porque lo que en realidad estaba escondiendo no era más que decepción e incredulidad.

Durante ese día estuve barajando mis opciones. Primero que nada pensé en hacer una linterna, pero era mayo y no me entusiasmó la idea. También se me ocurrió preparar un puré, posiblemente la forma más sensata de utilizar una calabaza… Pero finalmente decidí, después de ver corretear a mi hámster en su ruedecita, que lo mejor que se podía hacer era una canoa. Sí, haría una canoa para mi hámster. De repente tenía toda la lógica del mundo.

La tallé, la vacié y le di la forma más bonita que supe. Solo quedaba una cosa por hacer: probarla.

Cogí a Matías y nos fuimos al río. La canoa flotaba a la perfección, así que coloqué al animal, un poco en contra de su voluntad y dejé que la corriente lo arrastrase.

Mientras se alejaba, Matías se veía feliz.