Carlos BG, Cortometrajes, tiempo

Cortometraje: Una dura elección

Marzo 2015: “Una dura elección“, por Carlos BG.

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tiempo, xenaga

Tener o no tener

“Me llevo mejor con la locura que con la mayoría de la gente”.

El tiempo es algo que se nos escapa de las manos para que lo valoremos y nuestra manera de hacerlo es desperdiciarlo, necesitamos más tiempo para malgastarlo, para acabar y decir que no tenemos tiempo. Para levantarnos y descubrir que se nos acaba, que tenemos demasiadas cosas que hacer y la palabra tiempo se tranforma en un miedo, en la palabra más sonora del diccionario cuando la pronuncias, provoca ansiedad, mareos e incluso la muerte, casi como un embarazo o tu ex. Y ¿sabéis qué? Yo me he cansado de esperar, me voy a vivir la vida donde el tiempo no exista. Contigo.

xenaga

Favoritos, tiempo

Vota tu relato favorito de marzo

Los cuatro finalistas de marzo protagonizados por “tiempo” ya han sido elegidos por nuestro fiel jurado. Ahora os toca elegir a vosotros el favorito:

El tiempo perdido (Chus Rodríguez) << ¡Favorito!
El transitorio comienzo (Aida)
Estela de poder (Kualdam)
Una dura elección (Carlos BG)


Gracias a todos los que cada día seguís colaborando para que este blog funcione.

La encuesta se cerrará el miércoles día 15 de abril. ¡Mucha suerte a los finalistas!

Os recordamos que los autores finalistas no deberán compartir la encuesta o la página en redes sociales ni pedir votos expresamente, por respeto al resto de finalistas.

Rosa Cartón, tiempo

¿Tomamos un café?

Rutina de un héroe que se acaba al amanecer, cuando todo el mundo despierta lejos de las silenciosas sombras que se esconden detrás de trajeados zombis hambrientos.
Miradas que se cruzan mientras el café deja su aroma por la cocina, es el único que permanece allí más de media hora, mientras las vidas frenéticas pasan sin dejar huella, de puntillas y enchufadas para no quedarse sin batería.
Años desiertos, regalos en cada rincón y fechas señaladas, rosas rojas con notas copiadas de cualquier texto sin trasfondo.
Anillos que se escurren entre los dedos o quedan olvidados en baños de alejados bares. Tazas vacías de un café que parecía unir lo único que no se regalaban: su tiempo.

Rosa Cartón

Kualdam, tiempo

Estela de poder

Hace mucho tiempo, en la antigua Babilonia, sucedía una cosa curiosa en el sector de la construcción. El rey de turno, triunfador en mil batallas, era quien ponía el dinero para levantar un palacio o un ziggurat. A cambio de tal dispendio, había que llenar el edificio con estatuas y gravados que lo representaban. Es decir, propaganda. Cualquiera que entrase allí sabría quien había sido el tipo de la pasta.

Imagino su imagen severa mirándote desde todos los ángulos, hasta en el váter.

Es como si entrases a mear al Corte Inglés, por poner un ejemplo, y te encontrases en la pared de enfrente un póster con el señor Corte (o señor Inglés, no sé como va) mirándote fijamente, como diciendo: “Estás en mi casa, y ese retrete lo he pagado yo. Así que antes de salir más te vale TIRAR DE LA CADENA”.

Kualdam

Miguel Antúnez López, tiempo

Instantes antes de llover

Qué distinto es esperar una tormenta desde una celda. Observar los relámpagos desde la ventana de tu habitación da la sensación de que estás a salvo bajo techo, en tu hogar. Pero ver cómo amenaza la lluvia desde prisión te hace sentir menos libre aún, con enormes ansias de salir a recibir las gotas mirando al cielo con los ojos cerrados.

El tiempo pasa y mis nervios continúan. Un nuevo trueno se oye haciendo más cercana la amenaza. El olor a tierra mojada llega como un fiel emisario, a lomos de un viento que despeina las copas de los árboles. Las nubes grises juegan entre sí, buscando la oscuridad en las alturas.

Hasta que vienen a por mí, me llevan al teléfono y lo puedo escuchar. “Ha sido una niña”. Y las lágrimas inundan mi rostro mientras fuera comienza a llover.

Miguel Antúnez López

Daniel de Castro, tiempo

Carpetas

Odio el puto verano. Llevo todo el día asándome al sol en una calle por la que no pasa nadie. ¿A quién se le ocurriría mandar comerciales al centro de Murcia, a las cuatro de la tarde? A mi jefe, claro. Menudo gilipollas.
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Menos mal, una persona al final de la calle, estaba a punto de darme por vencida. Chico joven, guapete, pero no demasiado. No será difícil captar su atención.
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¡Tenemos contacto visual! Y se está acercando directo hacia mí, sabía que no podría resistirse a mi inocente sonrisa.
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Unos pasos más y será todo mío. En cuanto consiga este contrato, por fin podré irme a casa.
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— ¡Hola! Qué calor hace, ¿verdad? ¿Tienes un segundo para…?
— No tengo tiempo.
•••
Hijo de puta.

Daniel de Castro