arena, Microficción, Roman Raskolnikov

microficción #28

Los amantes hollaron la playa con leves, suaves pisadas: arena gastada por suave piel… ¡delectable escenario! ¿Perdurará este cuadro de pasión pura? ¿La marea será clemente dama… o implacable agente lunar? ¡Temo tanto la respuesta!

Roman Raskolnikov

arena, atardecer, Núria Lorente Aroca, Relatos libres

Primera vegada

Arribem a la platja, solitària en aquest capvespre. Em trec la samarreta mentre observo la Martina i em pregunto: seré capaç de fer com ella i quedar-me nu? Puc intentar-ho, em repeteixo una vegada i una altra, però la vergonya em guanya i, de moment, no m’atreveixo.
Nerviós i intranquil començo a caminar per la cala mentre la Martina neda entre les onades de la mar, blava i plàcida. M’arrecero al costat d’un pi i em castigo per ser tan indecís, per dubtar contínuament i qüestionar-me tot el que faig a la vida. Immers en les meves reflexions, de cop sento el zumzeig d’una abella que s’acosta. El meu pànic a tota mena d’insectes m’obliga a sortir corrents i, sense pensar-m’ho gens, em llenço a l’aigua.
Transcorreguts uns minuts sento com el bany m’ha transformat. A mesura que notava l’aigua freda a la pell, he enterrat la vergonya al fons del mar i m’he deixat anar. Des de la vora, la Martina em mira i somriu. Me’n vaig al seu costat i, tots dos lliures de qualsevol opressió al cos, passegem per la sorra fresca de la platja solitària.

Núria Lorente Aroca

Versión en castellano: Primera vez

Llegamos a la playa, solitaria en este atardecer. Me quito la camiseta mientras observo a Martina y me pregunto: ¿seré capaz de hacer como ella y quedarme desnudo? Puedo intentarlo, me repito una y otra vez, pero la vergüenza me gana y, de momento, no me atrevo.
Nervioso e intranquilo empiezo a caminar por la playa mientras Martina nada entre las olas del mar. De pie al lado de un pino, me castigo por ser tan indeciso, dudar continuamente y cuestionarme todo lo que hago en la vida. Inmerso en mis reflexiones, veo a una abeja que se acerca. El pánico a todo tipo de insectos me obliga a salir corriendo y, sin pensarlo dos veces, me tiro al agua.
Transcurridos unos minutos siento que el baño me ha transformado. A medida que iba sintiendo el agua fría en la piel, he enterrado la vergüenza al fondo del mar y me he soltado. Desde la orilla, Martina me mira y sonríe. Voy a su lado y, los dos libres de cualquier opresión en el cuerpo, paseamos por la arena fresca de la playa solitaria.

Núria Lorente Aroca

arena, Relatos libres, xenaga

Relaciones

Tal vez tu silencio nunca fue roto,
los aparejos locos.
La vida de tu mano y tú lamiéndote las heridas.
No soy yo.
Apenas eres tú
la que vuelve a la batalla sin apenas dirigirme la mirada
como si ya no fuera nada.
Para ti.
Solo arena que se va
conforme el viento va avanzando y cambiando de lugar.
Y dudo si volver y luchar pero yo no abandono jamás.

Acabemos.

No duele tanto como la primera vez,
tal vez en un desliz te dejé hacer
y tu vida sin mí no te pareció tan triste.
Floreciste.
Y aunque fuera el agua que te daba color
ahora hay otros que hacen mi labor.
Dulce princesa, caprichosa como ella sola.
La más hermosa de todas las amapolas,
rojo sangre como mi pasión
ardiendo como de un solo liz.
No es tan solo tu locura
lo que me producía un desliz
tal vez la desembocadura
de lo que pudo ser y no sería
porque tocando la guitarra mía
soñé con tus atardeceres
apenas te recordé en mis placeres
aunque fueran lo que mis oídos
oían cuando gemía.

xenaga

atardecer, Miguel Molina, Relatos libres

La guerrilla (2)

Al acabar, Andrea siguió el camino de la vía hasta que llegó a una bifurcación. Esta vez sí, el recorrido volvía a aparecer en la libreta de su abuelo. Finalmente decidió ir por el camino de la izquierda y, tras pocos metros, tropezó con algo y cayó al suelo.

Lesionada y sin nada para poderse sanar la herida que tenía en la rodilla, señaló con la linterna el obstáculo que se había puesto en su camino: un taburete. Andrea siguió observando. El lugar estaba lleno de taburetes, sillas, mesas, camas, una cocina antigua. Sin duda, Andrea sabía que aquel era el lugar donde su abuelo vivió en los tiempos más dramáticos de la ciudad de Barcelona. Desde allí, él y sus “camaradas”, como los llamaba en su libreta, organizaban las guerrillas clandestinas contra los franquistas. Agendas, mapas, libretas, armas, cuerdas, herramientas, aquel era un lugar que la historia aún no había descubierto, pero Andrea sí.

Se hacía tarde y, aunque ella no quisiera, tenía que volver a casa haciendo el camino inverso para no perderse. Al llegar de nuevo a Plaza Catalunya tomó el primer tren dirección Manresa – Terrassa y, sobre las ocho de la tarde, su tren salía de la oscuridad de los túneles y Andrea veía los últimos rayos de sol del día. Caía el atardecer, un atardecer que le pesaba, un atardecer que le dejaba con dos heridas abiertas: la de su abuelo y la de su rodilla.

Continuará…

Miguel Molina

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atardecer, Núria Lorente Aroca, Relatos libres

La capsa de botons

A l’Eva, que sovint participa en la neteja d’espais naturals, l’indigna l’incivisme d’alguns éssers humans, la brutícia que generen i la poca sensibilitat vers l’entorn.
Aquesta tarda, passejant pel seu barri, ha vist que en un solar abandonat hi havien deixat prestatges, quadres, dues bosses amb roba i una capsa de fusta que li ha cridat l’atenció. L’ha obert i estava plena de botons de totes mides i colors. Se l’ha emportat pensant què faria amb tants botons.

Un cop a casa i davant de l’escriptori, s’ha posat a treballar amb el seu projecte d’artesania. Ha tret les eines necessàries per a les seves creacions: agulles, fils, teles… ha agafat les llibretes i àlbums que està dissenyant i ho ha decorat amb alguns dels botons que, fruit de la deixadesa humana, han anat a parar a les seves mans.
Satisfeta i entusiasmada del resultat final, s’adona que les hores han avançat sense adonar-se’n i, un capvespre més, contempla com els últims raigs de sol il·luminen les parets de la seva habitació, del seu espai de vida.

Núria Lorente Aroca

Versión en castellano: La caja de botones

A Eva, que a menudo participa en la limpieza de espacios naturales, le indigna el incivismo de algunos seres humanos, la suciedad que generan y la poca sensibilidad hacia el entorno.
Esta tarde, paseando por su barrio, ha visto que en un solar abandonado habían dejado estanterías, cuadros, una bolsa con ropa y una caja de madera que le ha llamado la atención. La ha abierto y estaba llena de botones de todas las medidas y colores. Se la ha llevado pensando qué haría con tantos botones.

En casa y delante del escritorio, se ha puesto a trabajar en su proyecto de artesanía. Ha sacado lo necesario para sus creaciones: agujas, hilo, telas… ha cogido las libretas y álbumes que está diseñando y lo ha decorado con algunos de los botones que, a causa de la dejadez humana, han ido a parar en sus manos.
Satisfecha y entusiasmada con el resultado final, se da cuenta que las horas han avanzado sin darse cuenta y, un atardecer más, contempla cómo los últimos rayos de sol iluminan las paredes de su habitación, de su espacio de vida.

Núria Lorente Aroca