Favoritos, piña

Vota tu relato favorito de junio

Debido a la escasa participación en el mes de junio con la palabra piña, esta vez los finalistas son tres y el jurado ha decidido que sean los siguientes:

La ventana mágica (Iván Gallego) << ¡Favorito!
No vas a pasar de los cuarenta (ICMarja)
Tragicomedia del simplón moderno (ICMarja)

A lo largo del mes de agosto se cerrará la encuesta.
¡Mucha suerte a los finalistas y gracias a los que votáis!

Os recordamos que los autores finalistas no deberán compartir la encuesta o la página en redes sociales ni pedir votos expresamente, por respeto al resto de finalistas.

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Iván Gallego, piña

La ventana mágica

El correteo de mi sobrino me distrajo, iba de una habitación a otra.
Le grité desde el sofá: -¿qué haces?-, rápidamente cambió de habitación y me respondió:
-estoy dibujando-.
Me levanté y fui a verle. Realmente estaba dibujando en ese momento, aun así le dije: -te he visto que corrías por el pasillo, ¿por qué me engañas?-. -Dibujo lo que veo por la ventana-. Me mostró el dibujo con trazos de un niño, en él se veía un dinosaurio con una piña entre sus garras, estaba apoyado en una palmera cargada con piñas y cocos. Al lado tenía un perro amarillo y detrás una montaña con nubes de colores.
-Es Dino come piñas, se rasca contra el árbol para que caigan. Pero los cocos no le gustan y se los da al perro que es su amigo-.
Mi risa hizo que se pusiera rojo. -Es verdad!!-, me cogió de la mano, me llevó a la habitación y me puso frente la ventana.

Iván Gallego

ICMarja, piña

No vas a pasar de los cuarenta

—Piñas.
—Sí, joder, piñas.
Rodríguez y McCartney estaban en el antro de confianza. No el bar donde se reunían siempre los polis, sino un cuchitril a varias manzanas, donde podían hablar tranquilos. La luz anaranjada del crepúsculo se colaba por una ventana sucia.
—Un montón de coca escondida en una piña sin corazón —repitió Rodríguez, que no acababa de creérselo.
—Sí, señor. Ponle una falda y tendrás a mi exmujer —aseguró McCartney, con sorna.
Mientras el primero apagaba su cigarro, el segundo apuró su whisky y pidió otro par.
—Ya. De modo que las recuperasteis todas. Y caso cerrado.
—Bueno, se perdieron algunas. Pero el caso está cerrado.
—¿Cómo que se perdieron?
McCartney sonrió.
—Me gusta la piña. Preparo un tepache cojonudo.
Rodríguez resopló y soltó una risotada.
—¡Gordo cabrón! Cualquier día te van a enterrar.
—Ya veremos…
Brindaron con la nueva ronda, y la noche cayó sobre la ciudad.

ICMarja

Laura Cheeshi, piña

Piña Re-colada

Lorena era una chica espontánea, risueña, hábil y con recursos. Trabajaba de dependienta en una tienda de ropa, se había echado novio hacía un par de meses, estudiaba japonés en su tiempo libre, iba a una sala de cine independiente los sábados y odiaba los champiñones. En resumen: era una chica normal, con una vida normal.

Pero tenía una peculiar afición que además le reportaba unos ingresos extra al mes: por la noche se desnudaba y realizaba juegos eróticos delante de la web cam para un canal porno en directo. Los usuarios realizaban peticiones y sugerencias, y esa noche, se topó con un amante de lo grotesco. Lorena siempre quería satisfacer a sus “clientes”, y su intrepidez la llevó demasiado lejos…

(…)

– Mujer, 27 años, en estado de shock, hipotensión, sangrado constante y… desgarro anal.

– Déjeme ver… oh… ¡OH! ¡¡JODER!! ¿PERO A QUIÉN COJONES SE LE OCURRE METERSE UNA PUTA PIÑA POR EL CULO?

Laura Cheeshi

ICMarja, piña

Tragicomedia del simplón moderno

Fermín tiene cuarenta añazos y menos papeles que una liebre.
Taxista de profesión, payaso por vocación y cuñado por obligación, siempre tiene en la boca el chascarrillo del que te ríes porque sí.
Pues ahí lo tienes, en la fiesta de cumpleaños del sobrino, con toda la familia haciendo piña en el patio del chalé.
El hermano pequeño del agasajado es un bebé, y con él está jugando Fermín, echándolo al aire y recogiéndolo al caer, y el niño encantado.
Pero en una de estas se le escurre de las manos. Intenta cogerlo haciendo malabares, pero falla. Y el crío cae al suelo de cabeza mientras el cerebro de Fermín dispara automáticamente un palabrujo que sale de su boca sin pasar filtro ninguno:
—¡Epetecándemor!
Toda la familia está en shock.
Pero al sobrino, ocho añitos recién cumplidos, le hace gracia la tontería y le da por reír.
Menudo percal, Fermín.

ICMarja

Aida, piña

El sentido de la piña

Cristina se levantó ese día invariablemente temprano. Se duchó mientras fantaseaba con sus vacaciones de verano y cuando terminó, advirtió que sus párpados pesaban cada vez más. Miró el reloj y pensó que tenía tiempo de volver a la cama veinte minutos más. Se tumbó sobre su incómodo colchón y se abandonó en una fantasía onírica que la alejó plenamente de la realidad.
Subió por unas escalerillas que parecían llevar a ninguna parte y desde la cúspide vislumbró lo que identificó como su vida hasta ese preciso instante. No era consciente de que estaba delirando y se aterró al ver todas las pequeñas cosas que había enterrado por el camino. Se vio a si misma despojada de sus cargas. Apreció cada uno de los pequeños detalles que la habían llevado exactamente donde estaba hoy: extendida sobre el insignificante colchón de su minúscula habitación. Se sintió feliz. Y ahí, justo en la médula de su simbólico escenario estaba lo más trascendental: una enorme piña.

Aida