metamorfosis, Rosa Cartón

Crisálida

Se olvidó de cerrar la puerta, y ya el futuro dejó de ser la suma del pasado y presente. Presagios de oscuros momentos, llenos de soledad, de ojos rojos y tiempo que se escurre como agua entre las manos. Capas y capas de aislante, alrededor de su cuerpo y su mente, como crisálida suspendida, reposo agónico que desespera.

Pero se olvidó de cerrar la puerta a tiempo, a tiempo para olvidarse de él, de no verlo pasar y de no sentir como destruye todo lo que le rodea, a tiempo para dejar entrar suavemente una mano que tire de él, que encienda la luz dentro de su crisálida y que haga posible la gran ansiada metamorfosis, para convertirse en esa persona capaz de conseguir lo que se proponga, capaz de luchar y no rendirse aún cuando lo difícil nos rodea y nos aísla de la vida, esa que nos ha tocado vivir junto a las personas que siempre están ahí, aunque no las veamos.

Rosa Cartón

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Lalo Barker, metamorfosis

Un ser desconocido…

Llora amargamente, encerrada en su cuarto, ha perdido a esa hija que tanto quiere, la que siempre llenó de cariño, la que en todo momento colmó de amor, siempre todas sus muestras de afecto eran bien correspondidas por su niña querida. Desde que murió su esposo siempre estuvieron juntas para todo, se acompañaron para emerger de un duelo que tanto las lastimó, su hija tenía cinco años cuando perdió a su padre, pero el dolor de perderlo fue superado por una madre que supo amarla más.

Pasaron algunos años, cuando la mamá pensó que estaban más unidas que nunca, fue que la perdió. La hermosa mariposa se ha convertido en oruga, esa dulce niña se ha transformado en una desconocida engreída, orgullosa, olvidando todo lo que su madre ha hecho por ella, lo que vivieron, lo que sufrieron.

Ahora se ha convertido en un ser desconocido, resultado de una metamorfosis que ha transformado su esencia, un cambio radical que muchos justifican con solo llamarlo… Adolescencia.

Lalo Barker

Daniel de Castro, metamorfosis

Rattus Oficinus

Al salir del despacho del jefe, siento las miradas de mis compañeros clavadas en mí. A sus ojos, ya no soy el mismo de antes, empiezo a cambiar. Todo mi cuerpo se cubre de una espesa mata de pelo. El rostro se alarga, los ojos se vuelven completamente negros y me crecen dos largos y afilados colmillos. Empiezo a caminar a cuatro patas, ayudado por una cola tan larga como mi cuerpo, el cual ve reducidos sus 85 kilos a unos escasos 150 gramos.

Terminada la metamorfosis, ya solo queda aceptar que soy la nueva rata de la oficina.

Daniel de Castro

metamorfosis, Miguel Antúnez López

La metamorfosis

Al abrir los ojos de nuevo tras aquellas palabras encontróse Gregoria Sánchez en la silla transformada en una especie de monstruo.

Hallábase echada sobre el respaldo y, al subir un poco la cabeza, vio chocante la figura de extraños ojos que la miraba como nunca nadie lo había hecho. Tardó un segundo más en comenzar a ser consciente de su metamorfosis. Miró sus manos surcadas por curvadas callosidades, sus brazos llenos de prominencias arqueadas. La luz de la sala le daba un color verdoso, como si su cuerpo estuviera cubierto de escamas. Sentía que movía involuntariamente un nuevo apéndice que bien podría ser una cola, latigueando a su derecha. Sus piernas habían dado paso a unas patas similares a columnas peludas.

Tan sólo al volver a ver aquel papel que presidía la mesa Gregoria recobró el habla para preguntar:

-¿Cuánto me queda entonces, doctor?
-Lamentablemente la metástasis…- continuó el doctor sin que Gregoria pudiera ya entenderle.

Miguel Antúnez López

Lalo Barker, metamorfosis

Metamorfosis

Sentada en el sillón de su casa está perdida en el tiempo, navegando por Internet, tiene trece años, esta fascinada viendo las publicaciones de las maravillas de la vida, de cómo los días se vuelven noches, de cómo en las noches los niños se convierten en hombres, las niñas en madres, la pobreza en violencia, la necesidad en astucia, la avaricia en soledad, la riqueza en envidia, la felicidad en fantasía, el amor en sueños, la pasión en libretos, el hambre en desesperación, la lujuria en negocio, el sexo en algo obvio.

Ante la Metamorfosis de la vida, fastidiada ésta, de intentar encontrar, por encargo de la escuela, algo que le demuestre la magia que pueda tener, el que puedan emerger unas mariposas de unas orugas pelanas… Solo para vivir un par de semanas.

Lalo Barker

Calcetín Rayado, metamorfosis

Segundo nivel

Sus sentidos empezaron a cobrar vida. Estaba avanzando mucho en muy poco tiempo. Cada día era un día nuevo, diferente… podía apreciar el sol, las nubes, la lluvia, incluso la peor tormenta eléctrica que puedas imaginar.

Ese cambio merecía un nombre. Era un cambio que marcaría seguramente un antes y un después en su insignificante vida. Metamorfosis kafkiana inversa. Sí, quedaba bien. Iba a escribir sobre ello para sí mismo. Para poder leerlo y recordarlo cuando lo necesitara, cuando el agujero negro acechara de nuevo. Porque de la misma forma que había desaparecido, podía volver a reaparecer. Pero ahora estaba preparado, sabía cómo afrontarlo.

Calcetín Rayado

Abejada, metamorfosis

Metamorfosis en el andén

Una despedida en el andén. Un tren que se va. Un pasajero que se queda. Sentado. Triste. Solo.

A su lado, una chica con lágrimas en los ojos. Otra pasajera que se quedó.

No se hablan. No se tocan. Se miran y agachan las cabezas. Pasan los días, las lunas, los soles, los pasajeros, los trenes. Lloran. No se tocan. No se hablan. Se miran y agachan las cabezas. Y están allí. Están allí aunque no les veamos. Están allí porque les recordamos, porque no hay metamorfosis que cambie la historia. Ni el recuerdo. Y pasan los años, y los 11 de marzo siguen ahí. No se hablan. No se tocan. Se miran y agachan las cabezas.

Abejada