Abejada, magia

Rutina de mago

Cada día, cuando acabo el espectáculo de magia, voy al ultramarinos que hay al lado del teatro para comprar diez latas de sardinas enlatadas. Después, voy llenando, uno a uno, los diez cuencos de comida para gatos que hay en esa calle.

Luego voy a casa con las latas vacías y empiezo a reír. A reír muy fuerte. A hacerme daño en el estómago. Y las voy cerrando entre carcajada y carcajada. Cuando están todas cerradas, las meto en la nevera y me acuesto.

Al día siguiente, por la mañana, voy con mis diez latas a la parada de autobús y las voy regalando a las personas que se han levantado tristes: “toma, sonrisas enlatadas”. La cogen, la abren, y empiezan a reír contagiosamente.

Y eso, lo que hago por la mañana, es magia: hacerles reír cuando más lo necesitan.

Abejada

magia, xenaga

Un pub cualquiera

Lo bueno de la magia es lo fácil que nos impresiona, lo maravillosa que parece. Los niños se quedan con la boca abierta, los adultos se preguntan dónde estará el truco. ¿Y tú? Tú te quedas con cara de boba preguntándote cómo has tenido tanta suerte.

Un pub cualquiera, una sonrisa fantástica, tal vez un poco de sexo en el baño de las chicas y puffff!!! Estás enamorada de su magia y de sus ojos, y de sus manos, y de su pelo, y de todo lo que ves.

Lo malo de la magia es que tarde o temprano descubres el truco o desaparece.

Xenaga

magia, Miguel Antúnez López

Abracadabra

Más allá de ese control estaba nuestra libertad. Tras la muerte de mi madre, en Francia no nos quedaba nada ni nadie. Mi padre y yo viajábamos solos en ese invierno de 1940. Y, entonces, nos pararon esos dos soldados nazis.

No sé por qué mi padre respondió que era mago. Lo había dejado cuando empezó todo. Los soldados se miraron, sonrieron y, sin dejar de apuntar con sus armas, dijeron que sólo pasaríamos si hacía un buen truco de magia. Si no les gustaba, nos matarían.

Mi padre comenzó con su discurso. Uno largo y elaborado que usaba en las mejores ocasiones. Les explicó que era un hombre sin miedo porque podía atrapar las balas con la boca. Para que no hubiese dudas debían marcarlas con una señal. Entonces, una vez que tenían las armas descargadas, mi padre sacó su pequeña pistola y les pegó a los dos un tiro en la cabeza. “Abracadabra”, susurró antes de volver a mi lado.

Miguel Antúnez López

Adnil, magia

Ojos de ilusión

Y con la foto de cuando era una niña, con lágrimas en los ojos, dormida me quedé. ¿Dónde estaba aquella niña sonriente y llena de luz? ¿Dónde estaba la ilusión que sus ojos transmitían?

En mi sueño la niña estaba en frente de mí. La pequeña sonreía con tanta fuerza que no pude hacer otra cosa que sonreír y abrazarla con todas mis fuerzas. A lo que ella me dijo al oído:
¿Ya no recuerdas la magia?

Y en ese abrazo todo vino a mi mente… Las hadas, los duendes, las sirenas… Lo imposible, creía en lo invisible, creía en la magia.

Adnil

magia, Murgi

Niña grande

“¿Magia?, ¿qué es la magia?, ¿existe la magia?” Ella se lo preguntaba continuamente.

Cada vez que miraba a los ojos de esa chica que tanto le gustaba y sentía ese cosquilleo, ¿era esa la magia de la que hablaba la gente? ¿esas mariposas en el estómago?

Nunca creyó en la magia, no podía, no quería, no la dejaron creer. Creció siendo una “niña grande”, una “pequeña mujer”. Cuando te han negado la infancia la magia se convierte en fantasía y la fantasía en utopía.

Aunque siempre tuvo esperanzas de, algún día, sentir esa magia que todo el mundo decía haber sentido. Porque ya sabéis, todos llevamos un niño dentro y nunca es tarde para dejar que salga, para volver a creer en la magia.

Murgi

Iván Gallego, magia

El experimento

– Es un delito colarse en las instalaciones del CERN.
– Usted no lo entiende, tengo que hablar con algún físico.
– Pues tendrá que conformarse conmigo.
– ¡Ja! Hace una semana que mi vida es un infierno.
– ¿Y qué tiene que ver eso con nuestro centro?
– ¡Todo! Vi la noticia. Volvía del trabajo en tren y sucedió algo raro, le pasó algo al tren. Se apagó de golpe, solo se movía por inercia. Pasaron unos segundos y volvió la normalidad. Ese mismo día se hizo un experimento, donde podían generarse microagujeros negros.
– Ese apagón no pudo generarlo el experimento. Es más, hubo un fallo en un sector y se suspendió.
– ¡No! El experimento se hizo. Mi vida no ha cambiado por arte de magia. Mi pareja ni me reconoce, se ve que nunca he trabajado en la empresa donde llevo 4 años y mi hermano está muerto. Algo pasó que cambió mi vida.

Iván Gallego