Favoritos, locura, Palabra obligada

Vota tu relato favorito de Febrero

Por fin tenemos a los locos finalistas del mes de febrero:

Da, da (Kualdam)
Potencialmente peligroso (Aida) << ¡Favorito!
Remordimientos (Miguel Antúnez)
Sueño roto (Carlos BG)

¡Es la hora de votar vuestro favorito! La encuesta se cerrará el próximo martes día 17.

¡Mucha suerte a los cuatro!

Os recordamos que los autores finalistas no deberán compartir la encuesta o la página en redes sociales ni pedir votos expresamente, por respeto al resto de finalistas.

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Iván Gallego, locura

Dosis de locura

Llevaba días despertando con una sensación de monotonía que me apenaba, estaba cansado de que cada día fuera una copia del día anterior. Intenté buscar remedio, pero cada cosa que hacía, cada consejo que me daban, me dejaban con la misma sensación de indiferencia ante la vida.

Un día me encontré con un viejo amigo al que hacía años que no veía, su entusiasmo y su energía me sorprendieron, tanto que consiguió transmitirme esa alegría. Le pregunté que de dónde sacaba tanta energía. Lo que me respondió fue que estaba tomando unas pastillas de locura, que con la dosis recomendada, están indicadas para perseguir los sueños, para andar por caminos que nadie mas anda, para ser el mas rico aún siendo el más pobre, para enfrentarse a gigantes donde otros solo ven molinos, para amar y vivir la vida.

Así que desde entonces tengo mi propia dosis de locura.

Iván Gallego

locura, Miguel Antúnez López

Remordimientos

Fue el único testigo. Aparte de víctima y asesino, sólo él sabía qué había pasado aquella noche. Un reputado psiquiatra había matado por accidente a una prostituta en un oscuro callejón. Pasado el susto y habiendo eliminado cualquier posible prueba en su contra, el doctor se había percatado de aquel vagabundo que se hacía el dormido en un rincón.

Dos días después ya había conseguido que ese pobre hombre fuese acusado del asesinato sin ver su nombre y su reputación expuestos. Sabía bien cómo mover su dinero. Ya sólo quedaba dar su diagnóstico, alguna clase de locura, librar así al mendigo de la cárcel y hacer que ingresara de por vida en su manicomio de confianza.

El respetado psiquiatra controlaba sus remordimientos enviándole de forma anónima una cesta de Navidad todos los años.

Miguel Antúnez López

Kualdam, locura

Da, da

Milton no estaba en su mejor momento. Desde hacía una semana, se había apoderado de él una extraña locura que lo empujaba a ser quien no era.
Empezó apareciendo entre los miembros del Club Dadaísta vistiendo formalmente, hablando con perfecta dicción y usando la forma correcta de la sintaxis por primera vez en toda su vida. Cada cosa que les decía a sus estupefactos colegas la pensaba muy mucho, y hasta llevaba un pequeño diccionario para consultar la adecuada acepción que quería usar en cada momento.

Sus compañeros, indignados, al final lo expulsaron del dadaísmo por ultra-realista-correctista. Él, en lugar de seguir el consejo de Borc; su amigo nihilista de confianza; y librarse a la bebida para pasar el mal trago, decidió acudir al psicólogo.

Dijo que era francés, aunque su acento parecía argentino, y después de mucha terapia concluyeron que debía meterse a abogado.

Kualdam

Carlos BG, locura

Sueño roto

– Así es: mi propósito es crear la peor película de la Historia.

Aquella locura que proclamó a los cuatro vientos no era la típica bravuconada de director buscando nuevos territorios, nuevas emociones.
Era una declaración de guerra hacia sus más acérrimos y pedantes seguidores, de quienes estaba harto. Y era una declaración bien estudiada.
Lo tenía todo calculado: los actores más incompetentes, el guion más hediondo y rechazado por los estudios, la fotografía más costrosa… Todo lo que pudiera salir mal debía salir mal, ¡no podía fallar!
Pero… ¡ay, director bocazas!
Su película resultó al final ser una mediocridad que dejaba a todos indiferentes. Ni los más abyectos festivales del cine cutre consideraban tan anodina cinta en sus carteles.
Y es que el verdadero cine horrendo no está calculado: nace espontáneamente.
Al menos consiguió que dejaran de adorarle como a un dios. Algo es algo.

Carlos BG

Isidro Moreno, locura

¿Locura?

Al principio sólo era algún cabello que otro entre los peines o sobre el lavabo cada vez que me peinaba, pero advertí también pequeñas plumas entre ellos y estaba segura que ¡eso no eran pelos!
Con el tiempo, aquello se me hacía incómodo a la par que extraño. Tanto que luego lo extraño era ver algún pelo entre las plumas.
Cambié de aspecto y también de domicilio aunque me pareciese una locura.
Actualmente vivo en lo alto del campanario de la iglesia del pueblo, donde me encuentro en una posición privilegiada pues estoy en lo más alto y con maravillosas vistas panorámicas.
Lo que no acabo de comprender son las insistentes miradas y señalamientos que desde abajo me hacen los transeúntes, especialmente las mujeres, muchas de ellas embarazadas y que desde mi campanario no llego a entender qué le cuchichean a otros niños que llevan de la mano.

Isidro Moreno

Chus Rodríguez, locura

Una afición cualquiera

Ya desde la cuna, siendo bebé, era capaz de canturrear sus propias nanas hasta que el sueño la vencía. A los veinte meses no caminaba, pero recitaba de corrido a Neruda para deleite de las visitas, y a la tierna edad de tres años había dado cuenta de decenas de volúmenes de entre los clásicos. Apenas tuvo uso de razón siguió desarrollando un extraordinario talento poético, que fascinaba a cuantos la rodeaban. Inútil para cualquier otra actividad, ella disfrutaba memorizando pasajes completos de “la Ilíada” y capítulos de “El Quijote”. Despreciando juegos infantiles, corregía y arreglaba textos literarios para particulares y, poco después, terminó renunciando definitivamente a sus muñecas para encerrarse en su mundo y componer grandiosos poemas y escribir fantásticas novelas.
Locura no era la mejor palabra para calificarla, su capacidad de razonar y su juicio eran intachables. Únicamente sufría un arrebato literario irrefrenable que la alejaba de la sospechosa cordura del resto de los mortales.

Chus Rodríguez