Calcetín Rayado, Cortometrajes, invierno, Palabra obligada

[Novedad] Cortometrajes: El método

O quizás sería más correcto decir micrometrajes. Gracias a la idea original e iniciativa de Miguel Molina (Asociación de Música de Autor La Escalera) os presentamos una novedad en este proyecto que esperamos que os guste tanto como nos gustó a nosotros cuando nos la propusieron.

Se trata de que uno de los relatos publicados cada mes tenga el privilegio de ser escogido para adaptarlo a un cortometraje. Siempre teniendo en cuenta los recursos de las personas que se van a encargar de producir y realizar la adaptación del relato a formato audiovisual.

A la hora de escoger el relato privilegiado tendrán preferencia los relatos escogidos por el jurado como finalistas del mes. Aunque si las personas encargadas de la adaptación consideran que ninguno de ellos es suficientemente adaptable a sus recursos, se seguirá la puntuación resultante de las votaciones internas del jurado de mayor a menor puntuación. Estas personas serán las que tendrán la última palabra para decidir qué relato será el mejor y el más adaptable en conjunto.

Para que os hagáis una idea, se ha hecho una primera adaptación del relato “El método”, escrito por Calcetín Rayado en enero como propuesta para la palabra “invierno”:

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invierno, Muvi

Ventisca

En una de mis divagaciones por la Wikipedia acabé en la página sobre el invierno, en la que estaba escrito “estación más fría del año”. Lo leí, continué en el estado de reflexión en el que me encontraba antes, cerré el ordenador y me tumbé.

En poco tiempo (o eso creo) llegaste a casa. Tenías la ropa mojada y el pelo un poco blanco; estaba nevando. Viste que tenía los ojos húmedos, pues no pude disimular que había estado llorando. Las paranoias se estaban adueñando de mi mente, provocando una ventisca que helaba mis anhelos y pensamientos.

Pero tú, aunque te morías por tomar algo caliente y ducharte, me sonreíste, te tumbaste a mi lado y me abrazaste. Estuviste allí hasta que yo reaccioné. Rompiste mis temores y añadiste calor a mis frías tristezas. Empezaste a fundir la nieve, a iluminar este invierno oscuro. Volví a la vida, volviste tú.

Muvi

invierno, Raúl Gil

Nuestro último momento

Era un invierno más cálido de lo habitual. Distraído, pensando en tiempos mejores, observaba a través de la ventana en la que se reflejaban los tenues rayos de un sol apagado.

De camino a la estación, envuelto en el innecesario abrigo, no dejaba de recordar los buenos momentos, aquellos en los que me engañabas.

Una vez en mi destino, al refugio de aquel primaveral día de diciembre, abstraído conversando en buena compañía, después de tanto tiempo, te vi.

Me miraste. Nos miramos. Volviste a mentirme y ya no sentí nada. Esa noche, abrazado a nuestro último momento, cerré los ojos. Y entonces llegó el frío.

Raúl Gil

invierno, Miguel Antúnez López

Invierno

Eran las seis de la tarde. Primero el sonido del teléfono. Luego las palabras. Y, finalmente, el silencio. Un silencio limpio que dejaba todo tan claro como oscuro. Un silencio como banda sonora de imágenes que comenzaron a pasear sin orden por aquella habitación. Aquella primera sonrisa, cuando todo estaba por comenzar. Una tarde como esta, volviendo a casa después de amarte. Aquel paseo por el parque donde surgió la idea de tenerte en mi vida para siempre.

Todos los bares que nos gustan estaban cerrados. Tu piel de asfalto. Nuestra noche eterna. Eran las seis de la tarde y acababa de llegar el invierno.

Miguel Antúnez López

invierno, Patricia Richmond

La casa de mis sueños

Pasé todo el año recogiendo piezas para construir mi casa. Me costó mucho tiempo cortarlas y prepararlas para que encajaran unas con otras y formaran paredes perfectas. La cubrí con tejas viejas, a prueba de aguaceros y vendavales, y le puse ventanas grandes para poder ver el infinito desde cualquier rincón.

Muebles, lámparas, cortinas, alfombras, todo quedó en su sitio. Busqué marcos de todos los tamaños para poner en ellos nuestras fotos: sonrientes, abrazados, cogidos de la mano, paseando, con mi cabeza sobre tu hombro…

Aunque era la casa de mis sueños no fui capaz de calentarla y el frío se instaló en ella como dueño y señor de todas las habitaciones. Y lo comprendí. No tenía que haber construido sin licencia de obras sobre mi corazón, donde, desde tu marcha, siempre es invierno.

Patricia Richmond

invierno, Llunaonline

Como siempre

El frío se colaba por las rendijas de la ventana, adentrándose sin piedad en una pequeña habitación de cuatro metros cuadrados, en el centro de la ciudad. El invierno había llegado de golpe, sin previo aviso, pero no conseguía recordar en qué momento, ni porqué era incapaz de rememorar esa agradable sensación de calidez que le producían los destellos del sol sobre la piel.

Completamente decidida a dormir como ninguna otra noche anterior a aquella, se quitó las gafas y las dejó encima de la mesita de noche. Ese gesto que repetía cada día al acostarse, le provocaba una sensación de incertidumbre. En un instante el mundo se volvía borroso, confuso, totalmente impreciso. La realidad se desvanecía incluso antes de entrar en los dominios de Morfeo. Acto seguido los dos mundos se fundían para dejar paso a una nueva noche y ésta a un nuevo día, como siempre.

Llunaonline

Álex Garaizar, invierno

La hipótesis

La cabeza de Charles Darwin se tambaleaba al tiempo que sus párpados coqueteaban con el dulce sueño. Sentado en su sillón favorito, aguardaba a la luz de la chimenea. Sujetaba un libro de Balzac al que no había terminado de entregarse y se hallaba ya tan somnoliento como inquieto. Fuera la nieve parecía congelarse bajo el manto de un terrible frío poco propio del invierno inglés.

Por fin, alguien llamó a la puerta.

—Buenas noches, ¿el señor Darwin?
—Así es. ¿Qué ocurre?
—Agente Evans. Es sobre su hijo, Francis. Lamento comunicarle que ha fallecido esta noche.
—¿Pero cómo? —exclamó Darwin, incrédulo.
—Ha sido hallado bajo la nieve. Todo apunta a que sufrió una hipotermia. Por lo que parece, se quedó dormido bajo los efectos del alcohol.
—Bueno —dijo pensativo—, en ese caso le mentiría si le dijera que no me cuadra.

Álex Garaizar