Daniel de Castro, infierno

Eterna soledad

Tuve que morir para saber que estaba equivocado. Toda la vida rezando y allí no estaba San Pedro esperándome a las puertas del paraíso. Ni siquiera me moví del lugar, me quedé flotando junto a mis seres queridos. Poco a poco fueron olvidándose de mí y tuve que ver cómo envejecían y morían todos. Pero no se reunieron conmigo, seguí solo viendo cómo envejecían sus hijos, nietos y los hijos de sus nietos.

Con el tiempo he terminado comprendiendo por qué no vi a San Pedro ni las puertas del paraíso. Estoy en el infierno y ésta es mi condena.

Daniel de Castro

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infierno, xenaga

Teoría del des-Narciso

Hay muchas maneras de vivir una vida y solo una de experimentarla por completo. Ir derechita y sin pasaje de vuelta al infierno, recordarse cada día que es el último y que después solo quedará el rumor de las olas o el dolor candente de las brasas en los pies y un olor a churrascado bastante delicioso pero que no podremos probar porque somos nosotros asándonos lentamente por toda la eternidad. Tal vez la raíz del problema sea ese, que no podemos querernos a nosotros mismos de una manera como la que Narciso entendería. Románticamente. Porque si pudiéramos nos daríamos cuenta de lo estúpidos, débiles y torpes que somos a veces. Pero la naturaleza es inteligente y justo para evitar que no podamos vivir con nosotros mismos nos hace enamorarnos de otra gente.
Muy fuerte.

Xenaga

infierno, Lalo Barker

La familia perfecta

Qué helados son nuestros labios, en estos besos obligados por la inercia de la costumbre en nuestra vida rutinaria, el frío del desinterés al tocarse nuestras manos, es sólo el reflejo de tantos años de vivir una vida que desde el inicio nunca fue compartida, nuestros cuerpos duermen juntos, obligados por el bienestar de unos hijos a los que no se quiere lastimar, unos hijos sumidos en una burbuja que no tarda en explotar.

La familia perfecta para todos los que nos conocen, juntos somos amenos con los que tratamos en nuestra vida social, risas y sonrisas que se terminan con la última visita que deja nuestro hogar, cuando se bajan los telones de esta frustrante obra teatral.

Vidas forjadas en apariencias ante una sociedad que solo en pareja las acepta, viviendo, como muchos lo hacen, el helado infierno de una vida sumida en la indiferencia.

Lalo Barker

Calcetín Rayado, infierno

23 de junio

Está atardeciendo y la densidad que se respira en la playa puede palparse a kilómetros de distancia. Un infierno de pólvora y locura perfuman esta noche. El ruido y el fuego se declaran los protagonistas por excelencia. Los petardos empiezan a hacer de las suyas, a reventar todo lo que esté cerca. 

Los odio.

Todo está preparado, empieza la ebullición. Y yo volviendo del trabajo, sin plan. A la vuelta de la esquina, un montón de palomas picotean algo a dos metros de mí. Mi presencia les hace huir. En el suelo hay manchas de sangre, me acerco. ¿Qué es eso? ¡Un dedo!

Calcetín Rayado

infierno, Murgi

Su infierno

Cada mañana lo mismo, levantarse en una cama casi tan fría como su corazón deseando que un viraje del destino le cambiara la vida a mejor.

Deseaba salir de una existencia tan insípida y monótona que la convertía en una persona cuya única razón de existir era la pura inercia.

Vivía en una casa que detestaba, pagada por un trabajo que odiaba y cada mañana el espejo le devolvía una imagen que no reconocía.

Con la idea del suicidio permanentemente alojada en su cabeza pensaba que quizás de ese modo dejaría de sufrir por todo, si acababa con su vida un gran vacío llegaría, la paz que tanto anhelaba… el fin de su infierno.

Dicen que debemos tener cuidado con lo que deseamos pues, a veces, los deseos se cumplen…

Murgi

infierno, Paco Murall

Atardecer en Daraa

Atardece en Daraa pero la oscuridad enseñorea sus calles desiertas.

Los helicópteros bombardean el barrio, una densa humareda cubre la ciudad.

Samir se esconde entre las ruinas, sus hermanas se refugian en una iglesia cristiana. Él no abandona su casa, su deber, su herencia.

Tiene sed pero no se mueve, chirrían las torretas de los tanques. Un proyectil corta el aire y explota muy cerca. El temblor le levanta y la onda expansiva le escupe contra los cascotes.

Tiene sed pero está paralizado. Las botas retumban y oye voces metálicas incomprensibles.

Tiene sed pero el miedo le atenaza, acurrucado, sueña un tiro en la cabeza, una fuente de agua, un tajo en el cuello.

Silencio. Un rayo de luz atraviesa el muro por el agujero de obús, una esperanza de vida. Tiene sed.

Las aspas del helicóptero cortan el frío como una guadaña. Los élitros de un monstruo salido del infierno.

Samir tiene sed y sale a buscar un poco de agua.

Paco Murall

infierno, Lalo Barker

Infierno

Vivo perdido desde que no tengo tus besos, sumido en el peor de los martirios, dejándome consumir por la falta de tu cielo, sumido en un mundo que ha dejado de rotar, detenido en el tiempo por la falta de tu cuerpo.

Las mieles que conmigo compartiste, han quedado como estigma en el fondo de mi ser, convirtiéndose en óxidos que no me dejan mover, pensar, un instante en una existencia que nunca fue, una fantasía sostenida por mi propia ilusión, generada por algo que realmente nunca existió.

Ahora aquí estoy, lamentando haberte conocido, sufriendo cada instante que pasé contigo, con heridas abiertas que no pueden cicatrizar, asombrado de cómo se puede convertir en un infierno, esta capacidad de amar, de en ti pensar, muerto en vida por no poder dejar de extrañar.

El destino a ti me llevó y de ti me alejó, en este tétrico juego de la vida, donde con los años… El tropezar duele cada vez más.

Lalo Barker