espejo, Lalo Barker

Nada que contestar…

Qué forma tienes de decepcionarme siempre, has perdido todas las oportunidades que te he conseguido, has fracasado en todas las relaciones que has intentado, siempre me quieres culpar de todo lo que te ha pasado, a mi no me puedes engañar, vete a otro lado a llorar, si estas así, es solo por tu culpa, de nadie más…

Pero qué me vas a decir, no tienes nada que contestar, cansado estoy de darme cuenta que nada gano con reclamar, después de todo, para qué me quejo… Si solo eres un reflejo en el espejo.

Lalo Barker

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espejo, Murgi

Oesed

La pequeña Adara siempre pasaba frente a esa peculiar tienda de antigüedades sin fijarse mucho en su interior, pero ese día había algo especial en el expositor.
Un enorme y antiguo espejo con un precioso marco dorado captó la atención de la niña. Sin pensarlo dos veces entró en la tienda y se dirigió hacia aquel espejo que tanto le recordaba al de Oesed. Se dispuso a quitar la sábana que lo cubría pensado en qué poder mágico tendría cuando quedó sorprendida al no encontrar reflejo alguno en el mismo.
¿Para qué servía un espejo que no reflejaba nada? No podía ser, ese espejo debía ser especial, puso su pequeña mano sobre la superficie y todo quedó a oscuras por un momento… abrió sus ojos y estaba en casa, con papá y mamá, como si aquel accidente de tráfico nunca hubiera sucedido y aquel deseo que pedía cada noche antes de dormir se hubiera cumplido.

Murgi

Daniel de Castro, espejo

Gotas de agua

Desde el día que nacimos, todos tenían problemas para diferenciarnos. Nuestro padre siempre recuerda con cariño cómo la enfermera se hizo un lío al entregarnos a nuestra madre. Ella era la única capaz de saber quién era quién en todo momento, nunca conseguimos engañarla. En el colegio, sin embargo, aprovechamos que estábamos en clases diferentes para intercambiarnos los exámenes. A mí se me daban mejor las ciencias y a él, las letras. En una ocasión, incluso nos cambiamos las novias. Ninguna de ellas notó la diferencia.

Mirarle siempre había sido como mirarme en un espejo. Ahora, en cambio, tan pálido dentro de esa caja, es la primera vez que no me reconozco en él. Le echaré de menos.

Daniel de Castro 

espejo, Rosa Cartón

Confianza perdida

Se miraron por séptima vez y se giraron para no volver a cruzar sus caminos. El volcán se fue enfriando por fuera a la vez que aún seguía vivo por dentro, latente, a la espera, como manos ansiosas de recorrer lugares prohibidos. Frente al espejo del cuarto de baño, miraba como sus lágrimas caían por sus mejillas sin poder controlarlas, furtivas se escapaban resbalando por su cuerpo desnudo y vulnerable. Un golpe involuntario de rabia hace caer el espejo al suelo, quedando su reflejo fragmentado y encontrando la respuesta a la pregunta que en su mente se repetía continuamente, ya no había nada que hacer, el espejo ya nunca volverá a ser el mismo.

Rosa Cartón

espejo, xenaga

Gemelas

Eran como dos gotas de agua, los movimientos que una hacía los repetía la otra con una coordinación digna de las mejores nadadoras de sincronizada. A Helena le había crecido un poco más el cabello que a Lola y cuando se ponían una enfrente de la otra el viento despeinaba más el de la primera, haciendo que parecieran un eco de la misma persona que se alejaba. Y quizás sí. Ese día Helena se adelantó, la peluquería o algo así. Lola iba un poco más retrasada, siempre le había gustado más dormir.
Eran como dos gotas de agua.
Por eso cuando la chica vio a su hermana tumbada en mitad de la carretera apenas irreconocible no se acercó corriendo a ella, se dejó caer en la acera y se encogió en la misma postura que había caído su hermana. Justo como si fuera su reverso en el espejo.

Xenaga

Charo Anadón, espejo

Superstición

El espejo estaba cerca de su mano, en el tocador.
Era afortunada. Demasiado. Todos la odiaban y señalaban con el dedo. Detestaba su perfecta vida. Quería ser normal, feliz, salir a la calle y ser uno más.
Lo cogió y se miró en él.
Había escuchado que, si se rompía, tendría siete años de mala suerte. ¿Acaso podría vivir sin tener éxito, sola, sin familia, arriesgarse a perder sus hijos, su marido, sus padres?
Quiso dejar el espejo con cuidado de nuevo en el tocador pero resbaló de sus manos. En una fracción de segundo todo podría cambiar. ¡No! ¡No quería! Era feliz así, con su trabajo, su vida, su familia, tenía amigos. Cerró los ojos deseando que no se rompiese.
Cuando los abrió, el espejo yacía en el suelo. Afortunadamente, intacto.

Charo Anadón

espejo, Lalo Barker

Del hechizo de tu imagen indiferente…

Ver tu imagen embriagada del narcisismo con el que la veneras, es tan apasionante, que sin darme cuenta quedo prendido a la perfección que la genera…

Tu reflejo provoca sentimientos encontrados, tan frágiles, como el espejo que lo proyecta y tan fuertes, como el marco que lo sostiene. Es ofuscante el sentir, cómo el menor movimiento de tu boca exalta todos mis sentidos… Y cómo la indiferencia de tu mirada provoca la muerte de cada uno de ellos.

La tentación de tocar el espejo, cuando tú ya no estás es mucha, imaginándome que va a contener el calor del rostro que antes reflejaba, sin saber que al hacerlo, sólo voy a encontrar la frialdad y dureza, que sólo la realidad provoca.

Ahora sólo veo en el espejo, la ausencia de la imagen venerada, sustituida por la frustración reflejada, de quien está consciente de que no va a llegar a nada más… Que el solo verse con un brazo extendido, tocando un espejo vacío.

Lalo Barker