Blanca Miller, cielo, Cortometrajes

Cortometraje: Hierro

El segundo cortometraje grabado y adaptado por Miguel Molina con la colaboración de La Escalera se trata de “Hierro“, relato original de Blanca Miller publicado en febrero de 2014 como propuesta para la palabra cielo.

¡Esperamos que lo disfrutéis!

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cielo, Pseudónimo

Horas

Cuentan que buscaste la suerte el día en que a escondidas y con los zapatos en la mano, cerraste la puerta con la intención de no volver. Que te alejaste acompañado por el miedo de quien pierde, en un momento, de vista su vida. Que eres feliz allá donde nadie puede seguir el rastro de los pasos dados. Sin embargo, ignoran que todas las noches vuelves a abrir esa puerta, porque el dolor que aquí te retiene es demasiado intenso para sostenerlo solo. Desconocen que con el alba ocultas tu presencia en el olor de la mañana, mientras me apresuro a disimular tus llantos entre los intentos de recomponer el horizonte que nos separa del cielo.

Pseudónimo

cielo, Miguel Antúnez López

Más

Había desarrollado poderes. De esos que siempre imaginó de pequeño. Ahora podía atravesar objetos sólidos cuando se lo propusiera. Era capaz de leer la mente de las personas que tocaba. Y tenía una fuerza sobrehumana gracias a la cual acababa de salvar la vida a un vecino.

Sin embargo, se sentía vacío. Ninguna de las novedades que acababan de llegar a su vida en los últimos días le había hecho feliz más de unos minutos. No dejaba de pensar en lo que de verdad quería. De todos los poderes que podía imaginar siempre había preferido el de volar. Poder surcar el cielo a velocidad supersónica. Viajar a cualquier parte del mundo en un abrir y cerrar de ojos y sin tener que esperar colas.

Había desarrollado poderes, pero quería más.

Miguel Antúnez López

Abejada, cielo

Se los tragó el cielo

Yo tenía diez años, pero recuerdo aquellas semanas como si fuera ayer. Todo empezó, o acabó, un sábado. Después de tres días de un rugir constante que no cesaba, Barcelona volvió a la tranquilidad. O quizás no.

Aquel día mi hermano y yo amanecimos en un lugar muy oscuro, iluminado tan solo por cuatro rayos de luz que penetraban por las juntas de unas maderas. Ninguno de los dos sabíamos qué nos llevó a aquel escenario tan oscuro y dantesco.

Cuando conseguimos salir, vimos que el exterior era peor: gente corriendo sin sentido, llantos, gritos, y un fuerte olor a pólvora… No entendíamos nada, ni siquiera dónde estaban nuestros padres, así que decidimos salir a buscarlos esquivando agujeros y muertos. Muertos que, como a nuestros padres, se los tragó el cielo.

Abejada

Alter Stultus, cielo

Volar es fácil en el cielo adecuado

Volar es fácil, ilusos. Yo aprendí a hacerlo una preciosa tarde de un mes que no recuerdo, mientras mi corazón ardía en llamas y mis ojos reflejaban una imagen cristalina que funcionaba como un analgésico para mis numerosas angustias, provocadas por el mismo hecho que iba a llevar a cabo. En aquel momento nunca hubiese podido concebir la sola idea de que aquello pudiese funcionar y, lógicamente, temía arriesgarlo todo para terminar estrellándome contra el frío suelo. No obstante me mataba el deseo, pues siempre había anhelado separarme de la tierra que me ataba y vivir en una nube, sintiendo cómo la realidad se desvanecía para dar paso a un mundo que me abrazase cada noche. Tuve que echarle coraje, pero al fin me acerqué a mi cielo, la miré a los ojos y le dije directamente: ¿Puedo volar en ti?

Alter Stultus

cielo, Iván Gallego

La otra versión del cuento

Hacía rato que el cielo ya se había iluminado, Cenicienta salió del castillo y comenzó a bajar las escaleras con los zapatos de tacón en la mano y los pies doloridos. No tenía ninguna prisa, la carroza ya se había vuelto a convertir en calabaza hacía horas, así que no le quedaba más remedio que esperar a que un taxi la recogiera. Cenicienta se sentó en los escalones y comenzó a pensar lo que el alcohol buenamente le dejaba. Sabía que quizás no llevaba el vestido más bonito y ni por asomo el más elegante del baile, pero sí el más corto y ajustado, cosa que hizo que el príncipe se fijara en ella al instante y que a sus hermanastras no les hiciera nada de gracia. Creo que esa vieja hada sabe más sobre hombres de lo que me imaginaba, pensó.

Iván Gallego

cielo, Raúl Gil

El octavo piso

1 – Tus pies, los que no me dejabas tocar por miedo a que te gustara.
2 – Los roces a escondidas.
3 – Nuestras diferencias, tan numerosas como carentes de importancia.
4 – Mis letras que te excitaban.
5 – Tus tiernos abrazos, solo una vez correspondidos.
6 – Las conversaciones, dulcemente eternas.
7 – Todo lo que no era nuestro: él, mi ruido, tu pasado, los que no nos entendían y los que nos acusaban. La ausencia de una oportunidad, solo una.
8 – El cielo, el piso al que mi ascensor no llega.
Y ahora, igual que entonces, siempre está en el 7.

Raúl Gil