almohada, Favoritos, Palabra obligada

Vota tu relato favorito de Septiembre

¡Ha llegado el momento de votar el relato favorito de septiembre!

El jurado ha deliberado que los cuatro mejores relatos y, por tanto, con opción a conseguir el título de “favorito del mes” son los siguientes:

Testigo equivocado (Charo Anadón) – 42,86% << ¡Favorito!
Negación (ICMarja) – 28,57%
– Lágrimas en la almohada (Miguel Antúnez López) – 14,29%
– Recién casados (Daniel de Castro) – 14%

Podéis votar vuestro favorito en la siguiente encuesta que se cerrará automáticamente en una semana.

Os recordamos que los autores finalistas no deberán compartir la encuesta o la página en redes sociales ni pedir votos expresamente, por respeto al resto de finalistas.

¡Muchas gracias a todos y suerte!

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almohada, Miguel Antúnez López

Lágrimas en la almohada

“A través de los relatos de Lovecraft se puede recomponer la historia del Necronomicón”, leía en el portátil. La noche empujaba engullendo la luz. Mientras continuaba la lectura sobre las obras de Lovecraft oía cómo el viento soplaba al final de aquel domingo.

El trabajo lo tenía que entregar al día siguiente. Apresurado, siguió consultando páginas de internet que hablaban de profecías, de antiguos libros, de seres terroríficos, de extrañas ceremonias destinadas a abrir portales que darían acceso a nuestro mundo a especies desconocidas para el ser humano.

Tras pinchar en un enlace acabó en un extraño blog donde se escribía sobre relatos mayas y olvidados mitos. Leyó en voz alta unas complicadas palabras que no entendió. El cansancio ganó al deber y decidió acostarse. Ya se inventaría una excusa.

A la mañana siguiente, en su habitación, tan sólo encontraron frío y humedad. Y los restos de sus lágrimas en la almohada.

Miguel Antúnez López

Abejada, almohada

¿Me quiere?

Cada noche Toni deshojaba margaritas sobre una cama, una a una, buscando respuestas que por él mismo no es capaz de encontrar.

– Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere,… ¡ME QUIERE! ¿Pero cómo me va a querer, si estamos todo el día discutiendo?

No convencido, Toni cogía otra margarita de la mesita y volvía a empezar.

– Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere,… ¡NO ME QUIERE! ¿Pero cómo no me va a qurerer, si siempre que discutimos acabamos haciendo el amor?

De nuevo, volvía a coger otra. Y otra, y otra. Y así toda la noche. A su lado, detrás de la almohada, estaba Sonia, su pareja. En silencio. Sin enterarse de nada. Sin responderle nada.

Abejada

almohada, Gonzalo Arbex

Reflexiones nocturnas que me impiden dormir

No consigo dormir. Doy la vuelta a la almohada. ¡Este lado está más fresco! Es más agradable así. Hace tanto calor que no puedo dormir. Pero creo que no es el calor lo que me lo impide.
Giro la cabeza. Estoy tumbado de lado, buscando una posición cómoda, pero no la encuentro. Tengo la mente muy activa, demasiado. Quizás por eso no consigo dormir. Últimamente he tenido muchos fracasos, y eso me dificulta conciliar el sueño.
No sé por qué, todas las noches me acuerdo de mis inventos. Aún no le han gustado a nadie. Dicen que es por el silencio, me pongo a pensar y pensar… no es bueno.
Vuelvo a girar la almohada, ya está caliente por ambos lados. Es incómoda. Giro la cabeza, intentando sin éxito acomodarla. Sigo pensando en mis fracasos, mis malos inventos. Jamás debí inventar la cama de piedra.

Gonzalo Arbex

almohada, ICMarja

Pérez

—¿Dónde está el niño?
El agente Ramírez se rascó la cabeza antes de responder al inspector Padilla.
—Se lo llevaron —dijo—. Uno de ellos debió arrastrarle al coche mientras el otro se cargaba al abuelo.
El abuelo estaba en la cama, boca arriba, con la almohada de colores todavía tapándole la cara.
—Es la almohada del chico —observó Padilla—. La que falta en la habitación.
—Sí, pero… —el agente titubeó— Eso no es lo más raro. Mire.
Ramírez retiró la almohada con una mano enguantada. Aplastado contra la boca del viejo había atrapado un ratón muerto. Llevaba puestos chaleco y sombrero. Sujetaba en una patita un diente diminuto.
—La madre que me parió —exclamó Padilla, y caminó a paso firme hasta la habitación del niño. En el suelo, cerca de la cama, encontró la moneda más reluciente que hubiera visto jamás.
—Tiene que ser una puta broma —murmuró.

ICMarja

almohada, Lalo Barker

Respuestas…

Despierta a media mañana, recostado en su cama deshecha, intenta abrir los ojos pero un dolor repentino le avisa de la resaca que le espera, se toma la cabeza con ambas manos y se sienta, ve la hora, es tarde, tiene ya dos meses jubilado, está divorciado, por lo que la hora realmente no le importa.

Levanta una botella tirada para darle un trago, sintiendo cómo el líquido le raspa la garganta, toma su cartera y ve que no tiene dinero, lo último que recuerda fue que recibió su pago y se fue directo a una cantina donde pidió una botella y después… Ya nada recuerda.

No ha pagado la renta, la luz ni el agua y ya se quedó sin dinero, frustrado se dejó caer de nuevo en la cama, cayendo en su almohada mientras toma la otra para taparse la cara, de pronto su cabeza se llena de respuestas… Cuando siente el aroma de un perfume barato llenar su cabeza.

Lalo Barker

almohada, Ogitxo

Desgraciada

Era la primera vez, primera y última vez. Todos mis amigos del colegio eran unos afortunados, todos excepto yo. Nunca olvidaré aquella sensación de fracaso y tristeza que me invadió tan profundamente por dentro aquella mañana.

Nunca lo entenderé, yo hice lo que me habían indicado. Cuando estuve segura de que mis padres ya estaban en el salón después de acostarme y desearme buenas noches, me levanté y silenciosamente abrí el cajón. Ahí estaba, tal y como lo había dejado esa misma tarde antes de cenar, lo metí en un pequeño paño y lo guardé. Volví a la cama y aunque me costó un rato, logré quedarme plácidamente dormida.

Aquella mañana me desperté antes de lo habitual, minutos antes de que mi madre viniera a vestirme para ir al cole. Abrí los ojos e inmediatamente introduje la mano por debajo de la almohada. ¡Qué desgracia! ¡Mi diente seguía ahí! ¡El ratoncito no había venido a dejarme mi correspondiente regalo!

Ogitxo