mar, Murgi

En el mar de sus ojos

Como si de un mar de chocolate se tratara me baño en su mirada, la calidez de unas olas cuyo sonido templa todos mis pesares y, que con sólo tocarme, hace que desaparezcan los problemas de haber elegido una vida al servicio de los demás.
Deja que me bañe en tu dulce y salada marea, que sus aguas cubran todo mi ser, pues no satisfaré mis anhelos mientras no pueda sentarme en tus orillas a contemplar la apacible tempestad de tu mirada y tus aguas cubran todo mi ser una vez más… cien, mil más.
Porque prefiero naufragar mil noches en tus aguas antes que vivir en el desierto de tu ausencia.

Murgi

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Murgi, tiempo

¡Cómo pasa el tiempo!

Era su héroe cuando pequeño, una imagen totalmente idealizada. Es fuerte, seguro de sí mismo, simplemente un ejemplo a seguir. Le protegía cuando tenía miedo y le regala ese juguete que tanto quería, en vez de regañarle y obligarle a comer verduras como hacía mamá. Con papá era todo diversión.

Pero el tiempo lo cambia todo, te haces mayor y con ello se hace mayor tu forma de percibir la realidad y reaccionar ante ella y asimismo, lo que antes era admiración pasa a ser un “no me quiero convertir en él”. Con el paso de los años dejó de ver a esa figura idealizada de padre para ver al hombre, con su maldita forma de tratarlo a él y a su madre, que ahora y siempre ha sido su madre, amor incondicional.

Es duro que piense de ese modo, pero el mismo ADN corre por sus venas…

Murgi

abismo, Murgi

Famous last stupid words

Nada más le quedaba, nada más que lo puesto y el último 40% de batería en ese maldito smartphone. Delante una caída de más de 100 metros, detrás el incesante y veloz tráfico de aquel puente de autovía, “a ver si alguno pasa lo suficientemente cerca para tirarme”, pensaba. Quería sacar una foto de sus últimos pensamientos, del precioso paisaje que el atardecer reflejado en el mar junto a ese antiguo faro proyectaba en su retina, así que cogió su teléfono e inmortalizó el momento subiendo una última foto a Instagram cuyo título rubricaba “famous last words”, estúpida hasta el último momento. Una última comprobación, foto enviada y repaso mental a todos los cabos que quería dejar atados antes de acabar con todo. Cerró los ojos e, imaginándose una vez más en los brazos de ella, saltó al abismo que con tanta ansia la esperaba.

Murgi

cárcel, Murgi

Una cárcel sin rejas

Burbuja, caparazón, aislamiento, defensa… distintas formas de construir nuestra propia cárcel. Con el pretexto de protegernos de ataques externos nos aislamos en nosotros mismos y en nuestra visión de la realidad.

Aislarse es un mecanismo de defensa adaptado a la actualidad y que empleamos porque simplemente no podemos devolver el golpe físicamente. Obligados a afrontar el dolor de una forma civilizada que en realidad nos destroza y nos hace ser cada vez más desconfiados porque asimilamos esa situación como traumática y aplicamos lo aprendido y sufrido a las posteriores situaciones. Este método de aprendizaje y el miedo que todos sentimos al dolor nos hace alejarnos de muchas situaciones y oportunidades que podrían ser maravillosas pero por las que tememos arriesgarnos y volver a sufrir.

De ahí esa cárcel sin rejas y esas personas que sin que te des cuenta llegan con una llave aparecida de la nada y te liberan de ti misma.

Murgi

almohada, Murgi

Consultarlo con la almohada

¿De qué están hechas las almohadas? Algunos dirían que de microfibras o viscolátex, para mí las almohadas están hechas de otras muchas cosas.

No solo son componentes materiales sino también inmateriales los que forman una almohada. Sueños, deseos, frustraciones, pesadillas, cosas que son o que fueron e incluso lágrimas (las más amargas) se compactan entre las fibras de una almohada, irremediablemente nuestros problemas no nos abandonan ni cuando nos adentramos en el mundo onírico.

Todo el mundo conoce el dicho popular “consultarlo con la almohada” y es que nuestra almohada es en realidad la única que nos conoce tal y como somos, testigo de nuestros mayores miedos y deseos, custodia de nuestros secretos y nuestra más fiel consejera.

Así que esta noche cuando vayáis a dormir pensad un momento en esa vital parte de vuestra cama, esa blandita cómplice que esconde todo un mundo en su interior, nuestro mundo.

Murgi

espejo, Murgi

Oesed

La pequeña Adara siempre pasaba frente a esa peculiar tienda de antigüedades sin fijarse mucho en su interior, pero ese día había algo especial en el expositor.
Un enorme y antiguo espejo con un precioso marco dorado captó la atención de la niña. Sin pensarlo dos veces entró en la tienda y se dirigió hacia aquel espejo que tanto le recordaba al de Oesed. Se dispuso a quitar la sábana que lo cubría pensado en qué poder mágico tendría cuando quedó sorprendida al no encontrar reflejo alguno en el mismo.
¿Para qué servía un espejo que no reflejaba nada? No podía ser, ese espejo debía ser especial, puso su pequeña mano sobre la superficie y todo quedó a oscuras por un momento… abrió sus ojos y estaba en casa, con papá y mamá, como si aquel accidente de tráfico nunca hubiera sucedido y aquel deseo que pedía cada noche antes de dormir se hubiera cumplido.

Murgi

infierno, Murgi

Su infierno

Cada mañana lo mismo, levantarse en una cama casi tan fría como su corazón deseando que un viraje del destino le cambiara la vida a mejor.

Deseaba salir de una existencia tan insípida y monótona que la convertía en una persona cuya única razón de existir era la pura inercia.

Vivía en una casa que detestaba, pagada por un trabajo que odiaba y cada mañana el espejo le devolvía una imagen que no reconocía.

Con la idea del suicidio permanentemente alojada en su cabeza pensaba que quizás de ese modo dejaría de sufrir por todo, si acababa con su vida un gran vacío llegaría, la paz que tanto anhelaba… el fin de su infierno.

Dicen que debemos tener cuidado con lo que deseamos pues, a veces, los deseos se cumplen…

Murgi