Kirita, mar

Navegando en su cuerpo

Navegando sin rumbo. Perdida entre su melena, los huesos de sus caderas. La calma de sus suspiros, la jauría de sus besos. La lucha constante entre el quiero y el puedo, entre el tengo y el deseo. En la calma que busco al tumbarme en tu cuerpo. En la magia que busco cuando el tiempo está muerto.

Y podría relatarte una y mil veces que eres mi cielo y mi infierno, mi luna y mi fuego, ardiendo en deseo. Inventando la manera de tenerte siempre a mi lado, de imaginar mi cuento soñado. De echarte de menos hasta doler, de nunca dejarnos vencer.
De pintarte temerosa por calarte lo más hondo, de decirte enamorada que yo no me escondo.

Y es que aún sin saberlo, siempre lo supe. Y es que el mar siempre estuvo en sus ojos.

Kirita

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Kirita, locura

Mi locura

Amanecí a tu lado sin saber que serías el mayor regalo, ni que tuviera tanto significado un “Buenos días” o un simple café. Que tus caricias fueron mi desayuno en las mañanas de placer, de infinitos miedos y de aprenderte a querer. Y es que cuando un alma es libre no tiene miedo de pertenecer.
Me dejé llevar por lo ardiente de tus besos, por tus rarezas, tus excesos. Tus dibujos en la piel y tus labios de miel. Tus ganas de soñar y de vivir. Que quería perderme en tus ojos para nunca encontrarme, para volver a reír.

Y es que fuiste mi mejor Octubre. Y fue entonces cuando descubrí que mi locura lleva tu nombre.

Kirita

almohada, Kirita

Dormir sin ti

Cada noche un laberinto hasta encontrarte, cada noche atravesar mil ciudades para buscarte. En cada almohada, en cada habitación. Respirar en tu pecho, en tu corazón maltrecho. Contemplar las dudas que emergen con el sol. Saber que no es malo necesitarte ni lograr olvidarte. Que mi refugio está donde habita tu piel, que no quiero despertar sin antes haber mancillado mil camas de hotel, una por cada cien besos. Saborear hasta el aire que se escapa y que no ves. Tejiendo crucigramas en tus costillas, en las sábanas de tu atardecer. Entender que tu aliento es mi punto de partida. Perderte y ganarte en cada ocaso, cinco minutos al día. Y es que yo no sé dormir sin ti, y es que tú vives en mí mientras te pienso desvelada, mientras te sueño con mi almohada.

Kirita

espejo, Kirita

Mi reflejo en tus ojos

Era algo que asustaba y a la vez impresionaba, temor placentero. Ser tan alguien en otra persona, ser tan suya, tan de alguien. Pertenecer a un algo pactado por el Universo y no poder hacer otra cosa más que entregarse con la certeza de ser lo más grande que vas a hacer en tu vida. El punto de partida entre el bien y el mal, entre lo inexistente y lo terrenal. Fundirse la piel con la pasión de cien volcanes, su todo, su reflejo, su espejo. Y es que no sabía cómo podía explicar que a veces era una y a veces era otra, que era locura racional e intrascendente. El vértigo más terrorífico sin miedo a caer, confiar a ciegas con la visión de mil observadores, ser el sueño soñado.

Y es que lo cierto era que… no había una vida en la que no se buscaran.

Kirita