Cortometrajes, Iván Gallego, magia

Cortometraje: El experimento

Marzo 2014: “El experimento“, por Iván Gallego.

Anuncios
Iván Gallego, piña

La ventana mágica

El correteo de mi sobrino me distrajo, iba de una habitación a otra.
Le grité desde el sofá: -¿qué haces?-, rápidamente cambió de habitación y me respondió:
-estoy dibujando-.
Me levanté y fui a verle. Realmente estaba dibujando en ese momento, aun así le dije: -te he visto que corrías por el pasillo, ¿por qué me engañas?-. -Dibujo lo que veo por la ventana-. Me mostró el dibujo con trazos de un niño, en él se veía un dinosaurio con una piña entre sus garras, estaba apoyado en una palmera cargada con piñas y cocos. Al lado tenía un perro amarillo y detrás una montaña con nubes de colores.
-Es Dino come piñas, se rasca contra el árbol para que caigan. Pero los cocos no le gustan y se los da al perro que es su amigo-.
Mi risa hizo que se pusiera rojo. -Es verdad!!-, me cogió de la mano, me llevó a la habitación y me puso frente la ventana.

Iván Gallego

Iván Gallego, tiempo

La asesina

-Un día de estos te tendré que matar.

Sé que Aida no lo decía con mala intención, era una forma de mostrar su aprecio. Aunque no siempre era así, otras veces lo hace porque la persona simplemente le cae mal, pero en mi caso será porque me aprecia demasiado para que viva, o al menos eso me gustaría creer. Sólo se podrá saber si después de matarme no se va ha comprar unos zapatos, sino que coja su violín y toque algo en mi memoria. Ese es el ritual que siempre ha seguido y que diferencia a qué grupo perteneces.

Por suerte, a la hora de matar, prefiere escribir en relatos sus crímenes antes que llevarlos a cabo. Los hace desde la pura lógica a la más extraña de las fantasías.

Cuando llegue mi hora sé que se tomará su tiempo, aunque tampoco tiene mucho margen, tan solo unas pocas palabras.

Iván Gallego

Iván Gallego, locura

Dosis de locura

Llevaba días despertando con una sensación de monotonía que me apenaba, estaba cansado de que cada día fuera una copia del día anterior. Intenté buscar remedio, pero cada cosa que hacía, cada consejo que me daban, me dejaban con la misma sensación de indiferencia ante la vida.

Un día me encontré con un viejo amigo al que hacía años que no veía, su entusiasmo y su energía me sorprendieron, tanto que consiguió transmitirme esa alegría. Le pregunté que de dónde sacaba tanta energía. Lo que me respondió fue que estaba tomando unas pastillas de locura, que con la dosis recomendada, están indicadas para perseguir los sueños, para andar por caminos que nadie mas anda, para ser el mas rico aún siendo el más pobre, para enfrentarse a gigantes donde otros solo ven molinos, para amar y vivir la vida.

Así que desde entonces tengo mi propia dosis de locura.

Iván Gallego

Iván Gallego, monos

Iniciación

Mi memoria es vieja y ya no recuerda las cosas como hacía antes, pero sí recuerdo que mi viaje comenzó cuando entré en Egipto en busca del Brujo. En realidad no era tal, sino un protector de los conocimientos herméticos y adorador de Tot, así que más bien alquimista.

Fui guiado a través de un laberinto de callejuelas esculpidas en ladrillo de adobe hasta que me hicieron pasar a una casa. Dentro me recibieron a gritos un par de monos que huyeron trepando a las espaldas de un anciano, este los bajó cuidadosamente y me dedicó una sonrisa mientra se acercaba.

Cogió mi mano y observó la palma señalando una de las líneas con su dedo, me miró y preguntó: -¿Quieres cambiar tu destino? Mi respuesta afirmativa hizo que el viejo cogiera una daga y marcase una nueva línea donde antes estaba mi destino.

Tu viaje te ha traído hasta mi, ¿También quieres cambiar tu destino?

Iván Gallego

Iván Gallego, metamorfosis

La operación

-Ha llamao hace un rato tu hermana.
-¿Y qué te ha dicho, madre?
– Pues na, que al final han tenío que operá a Miguelito.
-¿Operar?, ¿operar de qué?
-De metamorfosis.
-¿De metamorfosis?, ¿estás segura madre?
-Sí, ¿qué pasa?.
-No no, que no sé a qué te refieres.
-Sí…, cuando te hacen la constitución. Anda llama a la niña y pregunta por tu sobrino, que vaya tío que tiene.
-¿La constitución? – manda cojones…- Ahora la llamo madre.

-¿Diga?
-¡Hola Ruth!, ¿qué tal? ¿cómo estáis?
-Antonio, cuánto tiempo. Ya ni nos acordamos, eh.
-Ya…, estoy liado con los turnos, ya sabes. Oye que me ha dicho madre que han operado a Miguelito, ¿cómo está?¿qué ha tenido?.
-Está bien, ya casi recuperado. Le operaron de fimosis.
-Espera, ¡Madre, es fimosis!
-¡Pue eso, metamorfosis!

Iván Gallego

Iván Gallego, nada

Septiembre

Cerré los ojos y me concentré en mi respiración, poco a poco los pensamientos y los sonidos se iban apagando, cada vez más y más, hasta que llegó la nada.

Absorto en la quietud, se fue formando una imagen que terminó invadiendo todo. Era un lugar que no reconocía, pero también extrañamente familiar. La fresca brisa acariciaba mi piel, calmando la calidez del brillante sol, el aire tenía un peculiar acento a sal que traía mar. Un pequeño paraíso que inspiraba calma.

De repente, su voz. Me giré y ahí estaba. La misma sonrisa, la misma mirada. No había cambiado, aunque el tiempo ya se encargó de apagar el dolor. El aire cogió fuerza, las nubes tomaron posesión del cielo y pronto comenzaron a llorar.

La emoción me invadió, no me atrevía a moverme y tampoco respirar, no sea que todo desapareciera. Hace tanto tiempo que aquel septiembre se te me llevó de mi lado.

Iván Gallego