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microficción #11 : Estado crítico

Malestar general, suspiros, taquicardia y sudoración; parecía un grave caso de enamoramiento repentino. Sin embargo, los estornudos y el picor de ojos cursan con una alergia; pero, ¿y la acidez de estómago? ¿Y exhalar mariposas?

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Hijos

—¿Que cómo consigo que mis calabazas tengan este tono naranja tan particular? Muy sencillo: arranco las malas hierbas en cuanto aparecen; contra los parásitos, sabiduría popular; y regar, lo justo y necesario.

—¿Qué abono emplea?

—A esa pregunta, no puedo responder: ¡es un secreto de familia! Sólo una pista: ¡amor! Fabrico mi compost con aquello que más quiero.

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La metamorfosis

¿Dónde coño están mis gafas? Ah, aquí están. ¡Cojonudo! Una peluca roja horrible, una nariz enorme a juego, la cara pintada de blanco con unas gruesas cejas negras enarcadas, los morros de color rojo putón, un buzo de lentejuelas con botones gigantes azules y zapatos del noventa. ¡Hasta me han dado el cambiazo con estas gafas de notas musicales! ¿Quién habrá sido el hijo puta que me ha vestido de payaso mientras dormía? ¡Con lo que los odio! ¡Mierda! El maquillaje no se va. ¡Venga, joder, que hoy por fin me caso! No hay forma de quitarse el jodido traje. Se ha roto la manga. ¡No puede ser! ¿Otro traje idéntico debajo? Y debajo de ese, ¡otro! ¡Y otro! ¡Y otro, y otro, y otro! ¡Hasta me han pegado los zapatos a los pies! ¡Qué cabrones! ¡No me puedo casar así! ¡Ja ja ja! ¡Tiene gracia! Pero, ¿qué me pasa? ¿Y por qué tengo tantas ganas de irme de fiesta ahora? Perdóname, Almudena.

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Conveniencia

Hoy en la oficina, Miren le ha pedido la mano en matrimonio a Néstor. Esos dos, que siempre se saludan tan tímidamente y sólo hablan del tiempo. ¡¿Quién lo habría dicho?! ¿Desde cuándo la meteorología enamora? Es lo único que tiene en común esta pareja de pragmáticos administrativos. Ella siempre ha querido casarse con un buen meteorólogo. Y él, toda su vida ha deseado encontrar a alguien que comparta con él su amor por los paraguas, los días de lluvia y el canto. ¡Increíble! ¡Otra boda más!

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Cheshire es un mico

Nicodemo Prometeo arroja un guante al lector al poner a prueba la paciencia de éste con una novela desafiante que explora, desde una perspectiva muy original, una historia de amor de imprevisibles consecuencias para la raza humana. El escritor sale vivo del lance gracias a su demostrada habilidad para jugar con los puntos de vista. Crear folletines a partir de la nada más absoluta está sólo al alcance de los dioses. Sin duda, Prometeo lo es pues consigue que no podamos dejar de leer sus desvaríos. En esta ocasión, el autor emplea 1714 páginas en narrar el viaje alucinógeno que sufre una pareja de monos recién casados tras ingerir una tortilla de boletus en mal estado mientras servían de conejillos de indias en las pruebas del nuevo programa de realidad virtual que facilitará el trabajo, en un futuro no muy lejano, al gremio de la carpintería metálica. Un más difícil todavía para este experto en simios con fobia a los argumentos triviales.

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La luz hurtada

La acidez del cielo mató al rey. Cumbres de granito arisco guardan el abrupto valle secreto, sepultado bajo un manto de perennes nubes coléricas. La irrespirable e inhóspita atmósfera cubre el bosque muerto que bebía los vientos por el lago que yace a sus pies. La lluvia lleva la muerte consigo. Los huesos siembran la tierra. La desesperanzada roca asila las últimas voluntades de la superficie caída. Subterráneas, nuevas castas erigen imperios. Quizá ellas canten loas por la cosmogonía muerta. Un llanto por una civilización de mamíferos casquivanos.

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Nimbus

Bajo este cielo hostil, las hormigas me hacen cosquillas. Si pudiera, reiría. Trato de concentrarme. Boca arriba, a merced de los elementos, miro las nubes. Hay muchas donde escoger. Un cumulonimbus con forma de almohada me recuerda tiempos mejores. Y aquel otro parece una lápida. Y aquella otra, también. El cielo hoy es un cementerio.

El viento vence por K.O. a un sol que se ha dejado ganar y agita la hierba a mí alrededor en señal de victoria. ¡Qué arrogante! ¡Qué asco! Siento frío. Si pudiera, temblaría. Tengo sueño. Si pudiese, dormiría. Está a punto de llover. No falta mucho.

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