Gida, pizza

La pizza de su vida

– ¡Oído cocina!
Esa fue su respuesta tras escuchar el pedido. Esta vez quería que fuese diferente, la mesa era especial, allí estaba sentada aquella chica que desde la adolescencia inundaba su corazón.
Cogió una de las masas que tenía preparada reposando en el cajón. Empezó a estirarla con una peculiar forma de corazón. Le puso todo lo que ella había pedido con un toque extra de queso, un poquito de piña que le daba un aire exótico (y sabía que a ella que encantaba) y unos pétalos de rosas rojas para decorar. ¿El resultado? Una pizza hermosísima y original, con una masa extra crujiente y un poquito de amor.
Después de comer eso ya no se podría resistir y caería rendida a sus brazos.
Maldita la hora en que el camarero decidió equivocarse y llevarle su emotiva obra de arte a la prima fea de su mejor amigo.
Hoy por hoy están casados… eran otros tiempos.

Gida

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Gida, pizza

Pizza muy hecha

Le llamaban pizza. No comía pizza, pero tenía la cara llena de granos y pelos, visión más desagradable que la de una pizza recién salida del horno. No gustaba a los demás pero a él tampoco le gustaban.
Era un miércoles corriente cuando decidió cortarse la melena que hacía exactamente dieciséis días que no se lavaba. En su cabello residía el origen de la fuerza que le caracterizaba, o eso le gustaba decir cuando la gente le miraba con asco por la calle.
No solo acabó con su melena: sus ganas de vivir se desvanecían igual que había desaparecido su pelo, un pelo que permaneció en el suelo de su cocina, hasta que, un mes más tarde, llegó la policía tras la llamada de unos vecinos.
Encontraron la pizza dentro del horno, pero esta vez el horneado fue excesivo y los ingredientes distintos; el chico, sobrepasado por el mote que le acompañó durante la adolescencia, decidió quitarse la vida horneado como una pizza…

Gida