Carlos BG, Cortometrajes, tiempo

Cortometraje: Una dura elección

Marzo 2015: “Una dura elección“, por Carlos BG.

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Carlos BG, pizza

Filosofía culinaria

– La vida… La vida es como una pizza.

– ¡Venga ya!

– ¡Sí, sí! Todo empieza con una masa, con una base. Es con lo que nacemos. Y encima de ella viene lo interesante.

– Mira…

– ¿No son las cosas que aprendemos y vivimos los ingredientes de nuestra pizza particular? Algunos quieren ir a lo seguro, como el que solo busca tomate y queso. Otros van de atrevidos, con guindillas. ¡Incluso hay a quien le va lo minoritario, como la piña!

– Creo que…

– Y, por supuesto, todo esto hay que hornearlo. Todo ese conocimiento y experiencia da al final algo tan maravilloso como es la misma vida. Tan delicioso como una pizza.

– ¿Incluso la que tiene piña?

– Incluso esa.

– Genial, porque un cliente lleva quince minutos esperando su pizza hawaiana, ¡so filósofo!

– Oh.

Carlos BG

Carlos BG, mar

Pescador de frustraciones

Frunció el ceño, acentuando aún más sus arrugas. Sus ojos eran poco más que dos pequeñas líneas alimentadas por la rabia. Y refunfuñaba, visto que no había nadie cerca para escuchar su amplio repertorio de insultos.

Tomó su pipa, inhaló con fuerza, y con más furia echó el humo por sus fosas nasales.

El viejo pescador no quitaba ojo al mar. Hoy también había decidido no darle pesca alguna. Décadas de dedicación para que le acabara traicionando de esa manera.

Ahora el mar prefería los yates, los cruceros y los turistas. Habían espantado la pesca. Pero el anciano volvía siempre, esperando el retorno de los peces. Sin éxito.

Oyó a alguien con acento alemán pedirle que les sacara una foto a él y a su novia.

El anciano sonrió.

No iba a acabar mal el día: se desahogaría y de paso la parejita aprendería unos buenos improperios españoles.

Carlos BG

Carlos BG, tiempo

Una dura elección

Era una decisión crucial. Tenía dos opciones, ambas con sus pros y sus contras. Una le daría un placer temporal, pero podría pasarle factura en el futuro; la otra era menos agradable, pero más saludable a corto y largo plazo.

Una gota de sudor frío recorrió su cara. Su mente seguía evaluando ambas opciones. ¿Valía la pena el riesgo?

Tragó saliva y levantó la vista. Vio a la muchacha, de pie, mirándole. Parecía tener una paciencia infinita, o al menos lo fingía, y sería una actuación perfecta de no ser por el insistente aunque suave golpeteo de su bolígrafo sobre la libreta.

Respiró hondo. No podía perder más el tiempo. Dijo al fin:

– Y de guarnición… ensalada, por favor.

Iba a echar de menos las patatas fritas, pero acababa de empezar su dieta, ¡no iba a fastidiarla ya desde el principio!

Carlos BG

Carlos BG, locura

Sueño roto

– Así es: mi propósito es crear la peor película de la Historia.

Aquella locura que proclamó a los cuatro vientos no era la típica bravuconada de director buscando nuevos territorios, nuevas emociones.
Era una declaración de guerra hacia sus más acérrimos y pedantes seguidores, de quienes estaba harto. Y era una declaración bien estudiada.
Lo tenía todo calculado: los actores más incompetentes, el guion más hediondo y rechazado por los estudios, la fotografía más costrosa… Todo lo que pudiera salir mal debía salir mal, ¡no podía fallar!
Pero… ¡ay, director bocazas!
Su película resultó al final ser una mediocridad que dejaba a todos indiferentes. Ni los más abyectos festivales del cine cutre consideraban tan anodina cinta en sus carteles.
Y es que el verdadero cine horrendo no está calculado: nace espontáneamente.
Al menos consiguió que dejaran de adorarle como a un dios. Algo es algo.

Carlos BG

Carlos BG, monos

Máquinas de escribir

Alguien dijo que si un millón de monos con máquinas de escribir se ponían a teclear, cabía la pequeñísima probabilidad de que hicieran algo digno de los más ilustres literatos.

No sé si será cierto, porque el dinero me dio solamente para comprar dos monos. Aparte, por supuesto, el coste del entrenador personal, que ha conseguido no solo que aprendan a aporrear el teclado y pasen de renglón, sino también que dejen de intentar arrancar las teclas de sus máquinas de escribir.

Uno de ellos acaba de terminar. Miro el resultado: una página llena de eses y de pes, y creo que hay por ahí alguna vocal suelta. Lo más coherente que leo es “pis”.

Y acto seguido, eso hace el peludo escritor encima de su teclado.

En fin, toca ser paciente. Algún día me harán rico y famoso. Seguro.

Carlos BG

atmósfera, Carlos BG

Impureza

Hacía décadas que la otrora atmósfera dadora de vida se había convertido en un veneno gaseoso.

¿Qué había salido mal? ¿Alguien lo había previsto? Y de ser así, ¿por qué no se tomaron medidas antes de que fuese demasiado tarde?

Ni se sabía ni había interés en saberlo. Simplemente, pasó. Y como con todo, hubo que adaptarse a la nueva situación. Millones murieron a lo largo de muchos años hasta que finalmente encontraron la solución.

La solución para aquellos con dinero, claro.

Las máscaras, las casas blancas con atmósferas purificadas y las últimas plantas vivas son cosa de los pocos millones de personas acaudaladas. Mientras, los más numerosos millones pobres tosen y jadean en barrios mugrosos, lejos de la riqueza y la pulcritud, únicamente esperando que su sufrimiento acabe pronto.

Aquello que llamábamos selección natural ha muerto. El dinero tiene más poder que la Naturaleza.

Carlos BG