atmósfera, Blanca Miller

El salto

Hacía tan poco que la conocía que todavía me avergonzaba el saberme espiada mientras la observaba. Sus ojos ágiles me encontraban, fugaces, mientras desnudaba sus ideas para mí, sabiendo que aunque quisiera no podría apartar la mirada. No podía evitarlo, apenas había empezado a recorrer su espalda pero sentía que sus lunares eran la constelación bajo la que había nacido.
Desde que la vi por primera vez, su cuerpo siempre tuvo para mí una fuerza propia, imparable, inabarcable; una suerte de gravedad que me arrastraba irremediablemente hacia su centro. Como quien se estrella contra el agua tras haber saltado un abismo yo me esforzaba por estrellarme contra sus caderas, sus piernas, su cuello, dejando atrás la estela de mi ego en una atmósfera propia, privada y solo nuestra formada por sudor y sexo.

Blanca Miller

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Blanca Miller, cielo, Cortometrajes

Cortometraje: Hierro

El segundo cortometraje grabado y adaptado por Miguel Molina con la colaboración de La Escalera se trata de “Hierro“, relato original de Blanca Miller publicado en febrero de 2014 como propuesta para la palabra cielo.

¡Esperamos que lo disfrutéis!

Blanca Miller, nada

Infierno

Confía. Siéntete libre de acumular ilusiones en tu cuerpo vacío de humanidad. Tu conciencia ha decidido abandonarte, ha preferido huir e inmolarse a permanecer dentro de ese lugar al que llamas mente. Estás en llamas. Sábete muerto y desollado.

Tu vida, tu ira y tus ideas se consumen al tiempo que respiras. Te has equivocado de mundo, proyecto de despojo, ni siquiera eres digno del limbo. ¿Por qué no te evaporas, te esfumas entre la niebla y libras las calles de tu puta presencia? ¿Tanto te cuesta entender que no existes? Eres un trofeo para la inmundicia, no eres nada. Desaparece.

Blanca Miller

Blanca Miller, cielo

Hierro

Le reventé el cielo de la boca de una patada; con ese golpe cayó al suelo desde las rodillas donde hacía un segundo me suplicaba. Dios, cómo odiaba a ese hijo de puta. Ahora lo miraba en el suelo y me daba pena, asco. Agarré la cremallera de mis pantalones, bajándola, para poder sacarme la polla fuera y mear sobre ese desgraciado. Metí la chorra dentro del pantalón de nuevo una vez hube terminado y le miré. Apenas se le distinguían los rasgos faciales, ensangrentado e inconsciente aquel malnacido no se atrevería a volver a tocar a mi hermana. Ni a ella ni a ninguna otra. Ya no le quedaba nada que clavar dentro de ellas.

Blanca Miller