La secretaria

Más dulce que el mismísimo azúcar parecía Manuela cuando cruzaba las piernas dentro de alguno de sus finos modelitos de Channel. Su sonrisa hipnotizaba al más duro y su mirada inocente llenaba los corazones de cualquier ingenuo que pasara por delante. “¡Ay, Manuela! ¿Cuántos corazones habrás roto con tus delicadas manos?”
Manuela siempre consigue lo que quiere, aunque tenga que hacer uso de sus métodos más rastreros. Manuela es una trepa, se aprovecha de quien quiere: detecta al más débil, al desarmado o al más despistado y se engancha a su cuello y le chupa la sangre hasta dejarlo seco.
Antes de ser el desgraciado que hoy conoces, justo antes de eso, me enamoré de Manuela.

Aida

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