Compensaciones

Juanito veía las imágenes que adornaban las noticias de la tele mientras terminaba de comer. Garabateaba con la cuchara escorzos interminables para disimular su falta de apetito, a pesar de que su madre empezaba a impacientarse.
–Mamá, esos niños pobres que desembarcan en la playa, ¿son felices?
Justo cuando iba a recriminarle su tardanza en acabar el plato, la dejó sin palabras.
–No… No lo sé, hijo. Supongo que no.
Juanito sonrió y terminó su almuerzo en santiamén, como si la respuesta de su madre hubiera resuelto miles de problemas, tantos como inmigrantes llegaban por mar. Este año –efecto de la crisis– no disfrutaba de vacaciones en esas mismas playas que acogían a tantos desgraciados. A cambio, él sí se sentía feliz.

Fernando da Casa

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