Pizza muy hecha

Le llamaban pizza. No comía pizza, pero tenía la cara llena de granos y pelos, visión más desagradable que la de una pizza recién salida del horno. No gustaba a los demás pero a él tampoco le gustaban.
Era un miércoles corriente cuando decidió cortarse la melena que hacía exactamente dieciséis días que no se lavaba. En su cabello residía el origen de la fuerza que le caracterizaba, o eso le gustaba decir cuando la gente le miraba con asco por la calle.
No solo acabó con su melena: sus ganas de vivir se desvanecían igual que había desaparecido su pelo, un pelo que permaneció en el suelo de su cocina, hasta que, un mes más tarde, llegó la policía tras la llamada de unos vecinos.
Encontraron la pizza dentro del horno, pero esta vez el horneado fue excesivo y los ingredientes distintos; el chico, sobrepasado por el mote que le acompañó durante la adolescencia, decidió quitarse la vida horneado como una pizza…

Gida

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