La playa

Los niños jugaron en la playa como si no hubieran visto los monstruos metálicos a su alrededor. No sabían por qué estaban ahí, pero no pareció importarles demasiado.
A Julia, sin embargo, no le hacía ninguna gracia. Había veraneado en aquella playa desde que era niña. Allí fue donde conoció a Andrés, un joven estudiante de políticas, al que años más tarde se le ocurrió que sería buena idea mudarse.
— Si consigo entrar en el ayuntamiento, estaremos siempre junto a nuestra playa —dijo.
«El muy cerdo», pensó Julia mientras subía al mercedes nuevo de su futuro exmarido «esto no se lo perdono». Miró por última vez al mar sabiendo que nunca volvería a ser “su playa”.

Daniel de Castro

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