El renacer de Luisa

Bajó la mirada y quedó atónito ante el mar de conocidos que tenía delante. Su desconcierto fue tal, que no pudo articular palabra, solo podía pensar en sus compañeros de trabajo ahí presentes. Nadie conocía su álter ego y su intención siempre fue que así siguiera siendo. Luis era un humilde promotor comercial durante el día y la gente que le conocía lo consideraban una persona sensata, honesta y educada. Pero por las noches, Luisa se ponía sus mejores galas, se soltaba la melena y salía a la calle tapando con un pañuelo sus voluminosos pechos. Le gustaba cantar en bares de alterne y mostrar la preciosa figura que le hubiera gustado tener de nacimiento, sabía canalizar su delicada pero a la vez potente voz consiguiendo, sin excepción, que el público se deshiciera en aplausos. Solía cantar en locales lejanos de su pueblo natal, pero esa noche, ni así pudo conseguir seguir escondiéndose de Luis.

Aida

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