La tormenta

Me arrojaron al mar desde el barco en plena tormenta. Las olas enfurecidas me recibieron sin apenas notar mi presencia; ni tan siquiera pude salpicar cuando caí inerte en sus aguas. Éstas, a pesar de sus intentos, no lograron sumergirme al fondo, al olvido. Me dejé llevar durante un tiempo por las corrientes, ajena a la suerte que habían corrido los desesperados, hasta que, sin poder luchar más contras las aguas, desaparecí.
Tal vez si me hubiesen guardado en una botella habría sobrevivido mi tinta emborronada. Quizás alguien me hubiese leído, salvándoles después.

Charo Anadón

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