Misterios de las profundidades

—Estás de broma, ¿no?
—Y hundimos a más de uno en el Mar del Japón.
—Yaya, ¿de verás pretendes que me crea que fuiste torpedera en la guerra? ¿En un submarino? ¿En Japón? —inquirió Helena, con los mofletes llenos de bizcocho.
—No veo por qué es tan difícil, cielo.
La niña tragó y cogió otro trozo.
—Eras marina y luego aprendiste a hacer repostería, ¿no? ¿En serio?
La abuela rió con ganas.
—No, cariño —dijo, cogiendo uno ella también—, yo ya sabía hacer postres antes de alistarme. Lo eché mucho de menos, allí abajo.
—Abuela…
—En serio, hasta tengo un tatuaje de mi escuadrón.
—Yaya, yo te he visto en bañador. En la playa. No hay ningún tatuaje en…
Una sonrisa se abrió como una flor bajo las gafas redondas de la anciana.
—En realidad…
—Oh, dios, Yaya… ¡Qué asco! Mira, te creo. No necesito pruebas.
—Bien. ¿Otro trozo?

ICMarja

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