Estela de poder

Hace mucho tiempo, en la antigua Babilonia, sucedía una cosa curiosa en el sector de la construcción. El rey de turno, triunfador en mil batallas, era quien ponía el dinero para levantar un palacio o un ziggurat. A cambio de tal dispendio, había que llenar el edificio con estatuas y gravados que lo representaban. Es decir, propaganda. Cualquiera que entrase allí sabría quien había sido el tipo de la pasta.

Imagino su imagen severa mirándote desde todos los ángulos, hasta en el váter.

Es como si entrases a mear al Corte Inglés, por poner un ejemplo, y te encontrases en la pared de enfrente un póster con el señor Corte (o señor Inglés, no sé como va) mirándote fijamente, como diciendo: “Estás en mi casa, y ese retrete lo he pagado yo. Así que antes de salir más te vale TIRAR DE LA CADENA”.

Kualdam

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