Instantes antes de llover

Qué distinto es esperar una tormenta desde una celda. Observar los relámpagos desde la ventana de tu habitación da la sensación de que estás a salvo bajo techo, en tu hogar. Pero ver cómo amenaza la lluvia desde prisión te hace sentir menos libre aún, con enormes ansias de salir a recibir las gotas mirando al cielo con los ojos cerrados.

El tiempo pasa y mis nervios continúan. Un nuevo trueno se oye haciendo más cercana la amenaza. El olor a tierra mojada llega como un fiel emisario, a lomos de un viento que despeina las copas de los árboles. Las nubes grises juegan entre sí, buscando la oscuridad en las alturas.

Hasta que vienen a por mí, me llevan al teléfono y lo puedo escuchar. “Ha sido una niña”. Y las lágrimas inundan mi rostro mientras fuera comienza a llover.

Miguel Antúnez López

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