La asesina

-Un día de estos te tendré que matar.

Sé que Aida no lo decía con mala intención, era una forma de mostrar su aprecio. Aunque no siempre era así, otras veces lo hace porque la persona simplemente le cae mal, pero en mi caso será porque me aprecia demasiado para que viva, o al menos eso me gustaría creer. Sólo se podrá saber si después de matarme no se va ha comprar unos zapatos, sino que coja su violín y toque algo en mi memoria. Ese es el ritual que siempre ha seguido y que diferencia a qué grupo perteneces.

Por suerte, a la hora de matar, prefiere escribir en relatos sus crímenes antes que llevarlos a cabo. Los hace desde la pura lógica a la más extraña de las fantasías.

Cuando llegue mi hora sé que se tomará su tiempo, aunque tampoco tiene mucho margen, tan solo unas pocas palabras.

Iván Gallego

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