El transitorio comienzo

Era un mañana lluviosa cuando Iván advirtió que su vida iba a cambiar. Todavía notaba en sus labios el sabor del plato que cocinó la noche anterior para su propio deleite y se dispuso a recoger el desorden de la cocina. Se sentía bien. Pensó en todo el tiempo que había pasado hasta poder instalarse en el que ahora era su piso. Tanto esfuerzo y paciencia… Su adolorido cuerpo se quejó cuando intentó levantarse de la cama pues la noche anterior había ido rutinariamente a su clase de artes marciales. Ese leve dolor le reconfortó. Ahora todo marchaba bien. Saltó de la cama y se arregló. Dejó la cocina por recoger deseando solo sentir la lluvia sobre su piel. Salió a la calle, bajó de la acera y miró al cielo. Qué bonitos le parecían los días lluviosos. Al camión no lo vio llegar. Por mala fortuna al conductor también le embelesó el matiz oscuro que la lluvia había dejado en las nubes.

Aida

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