El tiempo perdido

—Paciencia. Tome la medicación y dese un tiempo —le dijo el médico. Esperó unos días a ver… y en vista de que su mal no remitía se sentó impaciente frente al reloj. Entre pastilla y pastilla veía pasar las horas, escrutaba receloso los minutos y suspiraba al ritmo de los segundos. Obstinadamente, perseguía con la vista cada periplo de las incansables agujas que, enganchadas inevitablemente desde su base, a distintas velocidades, se empeñaban en perseguirse sin descanso.
La espera se le hacía eterna, y su mal no cedía… Así que, sin darse tregua, destripó el reloj en busca de explicaciones ocultas, o tal vez de alguna anomalía que justificara tanta demora. Pero su preciso mecanismo de ruedas dentadas nada le pudo clarificar.
Ahora, ya más tranquilo, espera su tiempo mientras observa el perezoso recorrido del sol, tumbado plácidamente ante su inmensa grandeza, en la siniestra calma de cualquier psiquiátrico.

Chus Rodríguez

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2 respuestas a El tiempo perdido

  1. Malu dijo:

    ¡Magnífico!
    Si escribo más lo estropeo. Enhorabuena.
    Besos.
    Malu.

  2. Pingback: Vota tu relato favorito de marzo | Palabra Obligada

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