Da, da

Milton no estaba en su mejor momento. Desde hacía una semana, se había apoderado de él una extraña locura que lo empujaba a ser quien no era.
Empezó apareciendo entre los miembros del Club Dadaísta vistiendo formalmente, hablando con perfecta dicción y usando la forma correcta de la sintaxis por primera vez en toda su vida. Cada cosa que les decía a sus estupefactos colegas la pensaba muy mucho, y hasta llevaba un pequeño diccionario para consultar la adecuada acepción que quería usar en cada momento.

Sus compañeros, indignados, al final lo expulsaron del dadaísmo por ultra-realista-correctista. Él, en lugar de seguir el consejo de Borc; su amigo nihilista de confianza; y librarse a la bebida para pasar el mal trago, decidió acudir al psicólogo.

Dijo que era francés, aunque su acento parecía argentino, y después de mucha terapia concluyeron que debía meterse a abogado.

Kualdam

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