Chus Rodríguez, locura

Una afición cualquiera

Ya desde la cuna, siendo bebé, era capaz de canturrear sus propias nanas hasta que el sueño la vencía. A los veinte meses no caminaba, pero recitaba de corrido a Neruda para deleite de las visitas, y a la tierna edad de tres años había dado cuenta de decenas de volúmenes de entre los clásicos. Apenas tuvo uso de razón siguió desarrollando un extraordinario talento poético, que fascinaba a cuantos la rodeaban. Inútil para cualquier otra actividad, ella disfrutaba memorizando pasajes completos de “la Ilíada” y capítulos de “El Quijote”. Despreciando juegos infantiles, corregía y arreglaba textos literarios para particulares y, poco después, terminó renunciando definitivamente a sus muñecas para encerrarse en su mundo y componer grandiosos poemas y escribir fantásticas novelas.
Locura no era la mejor palabra para calificarla, su capacidad de razonar y su juicio eran intachables. Únicamente sufría un arrebato literario irrefrenable que la alejaba de la sospechosa cordura del resto de los mortales.

Chus Rodríguez

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2 comentarios en “Una afición cualquiera”

  1. Buenooo…, Malu, no es para tanto, tan solo un leve de trastorno pasajero. Jejeje. ;)
    Muchas gracias por tu comentario tan amable.
    Un beso.
    Chus

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