Enajenación mental transitoria

Con el frío, que era más crudo que si fuera invierno y las hojas caídas, propias del otoño, ella, sola, inmersa en una profunda locura, caminaba sin rumbo. Se dio cuenta de que una lágrima semi-escarchada rodaba torpe por su mejilla, era lo único que desde hacía tiempo brillaba en su cara.
Languidecía por momentos y respiraba impulsada por la esperanza de encontrarse con él por muy inhóspito que fuera el lugar. Con los labios entrecortados bebía sorbos de recuerdos cálidos. En su mente siempre la certeza de que no fue sólo amor. En sus manos, ajadas por el temporal, huellas de felicidad, sin duda, lo que más dolía. Y en el hueco de su enajenado corazón, sólo escarcha, más que hielo, más que miedo, más que anhelo.

Malu

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2 respuestas a Enajenación mental transitoria

  1. Chus Rodríguez dijo:

    Fantástico, Malu. Muy bonito, la melancolía y la desgracia de la locura atrapa a este desdichado ser, que, no sé por qué motivo, me ha recordado a un sufriente y enajenado/a personaje histórico castellano. (Seguramente, cosas mías… ) Precioso y muy sentido.
    ¡Suerte y un saludo!

    • Malu dijo:

      Muchas gracias por tus palabras Chus, pues mira que a mí también me recuerda un poco a ese personaje … jajajaja …
      Besos.
      Malu.

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