Parasitismo cognitivo

Erin volvió a su hogar después de un duro día lidiando con el programa de comunicaciones entre humanos y monos.
Allí le esperaba Sinfo, su hermano, que se había retirado del mismo después de varios meses de intentos infructuosos de integrarse en el grupo de estudio.
—¿Novedades? —preguntó él.
—Bueno —respondió ella, frunciendo el ceño—, tengo malas noticias. Han desarrollado ciertas herramientas nuevas. Están mejorando.
Sinfo bajó la cabeza, frustrado y deprimido.
Todos confiaban en que el programa ayudase a encontrar la razón por la que los especímenes se estaban volviendo más inteligentes mientras ellos perdían la razón, pero cada día que pasaba se sentían más estúpidos y no podían hacer nada para evitarlo.
—Lo siento —susurró Erin.
Se descubrió mirando con apetito los bichitos que había en el pelo de su hermano y sintió mucha vergüenza.
Agitando la cola, nerviosa, trepó a una rama. Necesitaba descansar un rato.

ICMarja

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