Final conciso

-¡Monos! -gritó Lyselore.

Vincent pensó enseguida en la jungla con todos sus pintorescos animales y empezó a dibujar primates colgando de sus respectivas lianas.
A Marion, la tierna niña de doce años que ya quería ser madre de dos pequeñas, solo se le pasó por la cabeza pensar en monos bebés acostados en sus cunitas soltando aquellas risitas características. Sus trazos, llenos de dulzura y realismo, conmovieron a la maestra: tan pequeña e inocente y ya hecha una artista.
Théo… No importaba cuál fuera la palabra gritada por sus compañeros. Desde que les habló de la Révolution française Théo siempre dibujaba cabezas separadas de sus cuerpos mostrando rostros agónicos. Lo peor del tema es que mientras realizaba su obra en su cara se trazaban muecas morbosas y de satisfacción. Había mucha sangre en sus dibujos.

En la portada del viernes se leía: “Niño de catorce años acaba con la vida de su maestra y compañeros rebanándoles el cuello”.

Aida

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