Hermanos

Tras décadas estando separados, la muerte de nuestro padre iba a reunir a los tres hermanos de nuevo.
Como fui el primero en llegar, preparé la casa para no aburrirme. Jacobo, el mayor, abrió la puerta en el momento en que encontré una tablilla para escribir.
Nos dimos la mano en silencio y comenzó a hablar a gritos. Cogí la pizarra: “Cáncer de boca. No lengua”. Él la tomó de las mías y, a su vez, garabateó: “Guerra. Bomba cerca. No oigo”.
Levantamos los hombros resignándonos.
Media hora más tarde escuché cómo un palo golpeaba los escalones de madera hasta llegar a la entrada y la puerta se abrió despacio apareciendo por ella Lucas, el menor. Ciego.
Mi risa se ahogó en la garganta. ¿O era llanto? Me dirigí al mueble-bar y me serví un trago.
—A su salud, padre –pensé levantando el brazo brindando –a su salud, Ignacio Monos.

Charo Anadón

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