En la selva no hay espejos

Naciste entre los monos y creíste que eras uno más. Aunque no conseguías subir por los árboles como lo hacían ellos, no te preguntabas por qué. Ellos te traían la comida, jugaban contigo y te protegían de los malvados tigres, no necesitabas trepar.
Pasó el tiempo y no creciste igual que ellos. Tus amigos eran más ágiles, pero tú eras más grande, más fuerte. Seguían trayéndote comida, pero ya no te llenaba como antes, tu cuerpo te pedía comer algo más.
Con el tiempo, empezaste a sentirte apartado. Seguían siendo tus amigos, pero cada vez se alejaban más de ti. Tenían miedo, pero no te abandonaron. Te necesitaban.
¿Para qué? ¡Ja! ¿Aún no lo has entendido? Te dejaron solo cuando vieron llegar al temible tigre. Querían que te enfrentaras a mí y les salvaras la vida. Pero no eres un simio, hijo mío. Sígueme tras ellos y te enseñaré quién eres realmente.

Daniel de Castro

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Una respuesta a En la selva no hay espejos

  1. Dani Keral dijo:

    Genial, tan calculador y astuto como el protagonista, me encanta, tocayo.

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