La luz hurtada

La acidez del cielo mató al rey. Cumbres de granito arisco guardan el abrupto valle secreto, sepultado bajo un manto de perennes nubes coléricas. La irrespirable e inhóspita atmósfera cubre el bosque muerto que bebía los vientos por el lago que yace a sus pies. La lluvia lleva la muerte consigo. Los huesos siembran la tierra. La desesperanzada roca asila las últimas voluntades de la superficie caída. Subterráneas, nuevas castas erigen imperios. Quizá ellas canten loas por la cosmogonía muerta. Un llanto por una civilización de mamíferos casquivanos.

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