Por la mañana

Hoy cuando me he levantado he mirado hacía al cielo, emborronado. Mi cabeza iba a la par como si hubiera alguna conexión entre los dos. Mecido por ese pensamiento he observado que tanto mi mente como este estábamos bajo el yugo de una atmósfera etérea, envolvente e invisible. ¿Cómo escapar de esa sensación? ¿Cuál es la lanzadera que me haría traspasarla hasta ir más allá hasta la calma infinita en la que reposa el vacío absoluto? Entonces tú has aparecido por mi espalda y me has abrazado. El cielo se ha roto dejando pasar un rayo de sol como si no hubiera atmósfera capaz de resistir esa luz y he notado tu calor.

Osezno

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