¿Fracaso?

El hábil lanzador de diábolo había alcanzado últimamente alturas sorprendentes. Cada vez que aparecía en el pueblo dejaba boquiabierta a la multitud que le hacía corro, con sus virtuosas cabriolas y campaneos. Siempre conseguía elevar el artilugio a distancias increíbles para volver a recogerlo con una maestría asombrosa. Los últimos meses había ensayado mucho, quería impresionar a la concurrencia. Y así fue.
Aquel extraordinario lanzamiento resultó algo espectacular, logró superar con creces cualquier otro realizado. Tras una serie de piruetas previas con el carrete, echó un vistazo rápido al cielo, como buscando un buen lugar donde enviarlo. Y con un enérgico y virtuoso movimiento de brazos propulsó el aparato a la atmósfera, mucho más allá de los límites fijados a la visión humana.
El diábolo nunca regresó de su ascenso. Curiosamente, fueron muchos los que se sintieron defraudados.

Chus Rodríguez

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