Exageraciones

Todo empezó con una pequeña exageración.
-Mi padre es el más listo del mundo.
Una afirmación que, en una niña de cuatro años, es de lo más normal. Aunque yo lo tomé por costumbre.
-Mamá, ¡estás guapisisísima!
Con la adolescencia aquello fue a más.
-¡Te ha salido un gremling en plena cara! –mi crueldad terminaba con la huida de la víctima en un mar de lágrimas.
Me convertí en la mejor comercial. Mi mente era una lupa que exageraba por mil lo que pensase en aquel momento.
Así que cuando me subí distraída en aquel banco y miré hacia abajo, no vi aquella mínima distancia de cuarenta centímetros que separaban mis pies del suelo sino un enorme abismo al que me era imposible saltar. Y allí sigo. La gente piensa que soy una estatua de esas que se quedan quietas en una postura imposible y me arrojan monedas. He contado más de un millón de euros por el suelo.

Charo Anadón

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3 respuestas a Exageraciones

  1. Chus Rodríguez dijo:

    Fantástico, Charo, y no estoy exagerando.
    Un saludo.

  2. Pingback: Vota tu relato favorito de Noviembre | Palabra Obligada

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