Buena puntería

Mi nombre es David. De chavales, en el pueblo, jugábamos a apedrearnos, lo llamábamos canteas, actividad algo arriesgada, aunque resultaba un excitante entretenimiento. Luego me dediqué al pastoreo, donde perfeccioné mi puntería con la honda.
Vivía feliz hasta que un grave altercado vino a alterar mi apacible vida pastoril. El temible matón del pueblo vecino quiso provocarme robándome una oveja. Tuve que hacer de tripas corazón y dejar pasar este incidente. Pero de nuevo volvió a los pocos días. Opté por avisarle desde lejos, en un intento de que abandonara su actitud, pero no tuve éxito. Él se sabía fuerte y temido y creyó que nada lo podría detener. Así que eché mano de mi honda. Mi piedra buscó su cabeza con tan buena suerte que lo acerté en mitad de la frente. Supongo que esto me salvó la vida.
Ahora vivo alejado de mis ovejas y solo tengo el desolado patio de esta cárcel donde expandirme un par de horas al día.

Chus Rodríguez

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