Pérez

—¿Dónde está el niño?
El agente Ramírez se rascó la cabeza antes de responder al inspector Padilla.
—Se lo llevaron —dijo—. Uno de ellos debió arrastrarle al coche mientras el otro se cargaba al abuelo.
El abuelo estaba en la cama, boca arriba, con la almohada de colores todavía tapándole la cara.
—Es la almohada del chico —observó Padilla—. La que falta en la habitación.
—Sí, pero… —el agente titubeó— Eso no es lo más raro. Mire.
Ramírez retiró la almohada con una mano enguantada. Aplastado contra la boca del viejo había atrapado un ratón muerto. Llevaba puestos chaleco y sombrero. Sujetaba en una patita un diente diminuto.
—La madre que me parió —exclamó Padilla, y caminó a paso firme hasta la habitación del niño. En el suelo, cerca de la cama, encontró la moneda más reluciente que hubiera visto jamás.
—Tiene que ser una puta broma —murmuró.

ICMarja

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