Desgraciada

Era la primera vez, primera y última vez. Todos mis amigos del colegio eran unos afortunados, todos excepto yo. Nunca olvidaré aquella sensación de fracaso y tristeza que me invadió tan profundamente por dentro aquella mañana.

Nunca lo entenderé, yo hice lo que me habían indicado. Cuando estuve segura de que mis padres ya estaban en el salón después de acostarme y desearme buenas noches, me levanté y silenciosamente abrí el cajón. Ahí estaba, tal y como lo había dejado esa misma tarde antes de cenar, lo metí en un pequeño paño y lo guardé. Volví a la cama y aunque me costó un rato, logré quedarme plácidamente dormida.

Aquella mañana me desperté antes de lo habitual, minutos antes de que mi madre viniera a vestirme para ir al cole. Abrí los ojos e inmediatamente introduje la mano por debajo de la almohada. ¡Qué desgracia! ¡Mi diente seguía ahí! ¡El ratoncito no había venido a dejarme mi correspondiente regalo!

Ogitxo

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