El rescate

Eran demasiados años soportando el peso de mi alocada cabeza, de mis pesadillas y desasosiegos. Así que aquel día decidí jubilar mi sufrida y maltrecha almohada.

No conseguí encontrarle hueco en el altillo del armario, el viejo baúl no admitía ni un pañuelo más y las llaves del trastero conspiraban contra mí en algún siniestro rincón.  Iría directamente al contenedor de la basura, sin más contemplaciones, no le di más oportunidad a la desventurada. Pero mi conciencia descansaba feliz…

Ya desde la ventana, distraídamente, mi mirada aterrizó sobre el dichoso basurero: un joven mal apañado, tras meter medio cuerpo en el contenedor, recuperaba para sí la almohada de mis desvelos.

A partir de ese instante el remordimiento y la culpa afloraron repentinamente en mi conciencia. Aquella almohada había sido mi confidente, alojaba mis sueños y pesadillas, y acogía los secretos más íntimos de los últimos años de mi vida.

Y ahora un desarrapado se los llevaba impunemente bajo el brazo.

Chus Rodríguez

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